viernes, diciembre 02, 2016

El Enigma Turing, David Lagercrantz


Trad. Martin Lexell y Mónica Corral Frías
Destino, Barcelona, 2016. 480 pp. 20 €

Tomás Sendarrubias

Que Alan Turing es un personaje que podría haber sido calificado como el espíritu del Siglo XX es algo de lo que supongo no habrá duda alguna. Este matemático británico, no tan conocido como debiera, ha sido una de las mejores mentes que este planeta ha visto en su historia, y sus ideas y trabajos han marcado tanto nuestro tiempo que podría decirse que Turing es, como nadie más, el arquitecto del siglo XXI. Alan Turing fue un matemático inglés que colaboró con uno de los proyectos más secretos de la Segunda Guerra Mundial, el operativo de Bletchley Park, cuyo objetivo era romper los códigos secretos de comunicación de los nazis (el famoso código Enigma). Sin el éxito de Turing (y el resto de los hombres y mujeres que formaban ese operativo) probablemente la evolución de la Segunda Guerra Mundial hubiera sido muy diferente, pero cuando hablamos de Turing como "padre" del mundo moderno, no lo hacemos en un sentido contrafactual de "qué hubiera pasado si...", sino que lo hacemos porque Turing es quien definió con sus trabajos lo que sería todo el mundo informático del que hoy tanto dependemos. Empeñado en crear una máquina inteligente y capaz de aprender de sus errores, Turing legó a la posteridad los principios de la moderna informática... y también una historia dramática. Y es que a pesar de sus éxitos para los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial, Turing fue víctima de una caza de brujas en la Gran Bretaña de su época, debido a su tendencia sexual (Alan Turing era un homosexual reconocido), y sufrió el escarnio público, el acoso de su propio gobierno, y finalmente, acabó con su vida envenenándose con una manzana con cianuro.
Y precisamente ese es el punto del que el escritor sueco David Lagercrantz (Soy Zlatan Ibrahimovic; Lo que no te mata te hace más fuerte) decidió partir hace unos años a la hora de escribir su obra La Caída de un Hombre en Wilmslow, que había permanecido hasta ahora inédito en nuestro país, donde no hace mucho se ha publicado con el título más llamativo de El Enigma Turing. La novela llega a remolque de tres corrientes de actualidad que parecen haber confluido para que tengamos con nosotros esta historia. La primera, la fama adquirida por el escritor en el último año, después de que se decidiera que él fuera el continuador de la Trilogía Millenium, del finado Stieg Larsson, con la publicación de la cuarta parte de la historia, Lo que no te mata te hace más fuerte. Por otro lado, el éxito el año pasado de la película Descifrando a Enigma, protagonizada por Benedict Cumberbatch ha traído a Turing de vuelta a la actualidad. Y sin duda, el título de la novela en España es un homenaje a toda la serie de novelas que, a raíz de El Código DaVinci de Dan Brown han surgido, llenándolo todo de misterios y enigmas atribuibles a Dante, Wagner, Miguel Ángel, etc...lo que sin duda lo hacía mucho más atractivo en nuestro país que su nombre original.
Ahora bien. ¿Qué es lo que nos encontramos en esta novela? David Lagercrantz arranca su historia precisamente con la muerte de Alan Turing, y convierte en el protagonista de la trama al policía encargado de investigar su fallecimiento, un hombre de carácter desagradable llamado Leonard Corell, que se encuentra de pronto sumergido en el confuso mundo del que Turing había surgido, y lo hace en plena Guerra Fría, y en un momento de gran persecución a la homosexualidad por parte de las propias instituciones británicas. Corell decide investigar los motivos de la muerte de Turing, y lo hace yendo más allá de las propias indicaciones de sus superiores, encontrándose con que el estudio de Turing le permite acceder a partes de él ya olvidadas, como sus intereses por las matemáticas o su compleja vida adolescente y de estudiante en uno de los prestigiosos colegios ingleses.
Sin duda, los amantes de la literatura sueca y de la Saga Millenium encontrarán en El Enigma Turing una lectura interesante, ya que comparte muchos puntos en común con el estilo de Larsson... ahora, aquellos que no se sientan tan atraídos por esa forma de escribir, encontrarán en El Enigma Turing un hueso duro de roer. La narración es lenta y personal, Corell una criatura absolutamente desagradable, y aunque plantea algunas cuestiones matemáticas y filosóficas muy interesantes, el entorno en el que se siembran es algo árido. Un libro orientado a un público muy concreto, que sin duda disfrutará de Lagercrantz y su retrato de la década de los cincuenta.

miércoles, noviembre 30, 2016

La carne, Rosa Montero


Alfaguara, Madrid, 2016. 240 pp. 18,90 €

María Dolores García Pastor

En su última novela Rosa Montero deja de lado sus mundos de fantasía para regresar al mucho más prosaico mundo real. Y lo hace con una historia cuyo argumento, a primera vista, puede parecer un poco trillado: señora madura contrata a prostituto joven para darle celos a su ex amante y acaba liada con él, con el gigoló, se entiende. Pero la historia de Soledad, la protagonista del relato, no es una historia al uso. Y es que al final es cómo se cuenta no lo que se cuenta, y Montero nos lo vuelve a demostrar.
La autora extrae el título de un verso de Stéphane Mallarmé que su protagonista rememora al final del libro: «La carne está triste y ya he leído todos los libros». La carne es en realidad la protagonista de la obra. La carne, el cuerpo que nos da placer, que es paraíso pero que con el paso del tiempo acaba convirtiéndose en mazmorra. Los años que pasan y la carne que pierde su consistencia original, su forma juvenil. Esa carne decrépita que socialmente no se le perdona a las mujeres. En La Carne su autora nos habla del deterioro y la decadencia pero, pese a lo que pudiera parecer, este es un libro profundamente vitalista, un canto a la vida, un alegato contra la derrota y una oda al volverlo a intentar de nuevo siempre. Soledad es una mujer de bandera, independiente, inteligente y atractiva, que cumple los sesenta en el tiempo de la narración. Tiene un pasado oculto, del que reniega y a causa del que siempre se siente caminando por la delgada línea que separa la demencia de la de cordura. Ese pasado nos sitúa en un juego de espejos del que Soledad intenta salir indemne no sin esfuerzo.
Esta es también una novela de suspense en la que el paso del tiempo y sus consecuencias tiene un papel fundamental, además de ser una constante en la obra de su autora. Paralela a la trama de la historia de amor-sexo entre Soledad y Adam, el gigoló, transcurre la de la exposición sobre escritores malditos de la que la protagonista es comisaria. Esta subtrama nos muestra la realidad que vivimos cuando llega gente más joven y más preparada que nosotros, o no, a competir por nuestro puesto de trabajo, y esos advenedizos nos hacer perder influencia o tirón en nuestro entorno.
Con todos estos ingredientes, Rosa Montero teje una intriga de la que es difícil apearse. Con destreza narrativa dibuja el paisaje devastado que deja el paso del tiempo en la carne, lo describe pormenorizadamente y no sin cierta ironía. Al tiempo que nos retrata una sociedad competitiva y patriarcal en la que a la mujer no se le perdona la vejez, sobre todo si no ha tenido hijos. También hace un guiño cómplice a sus lectores convirtiéndose a si misma en uno de los personajes de la historia que es la antítesis total de Soledad en cuanto a su carácter y actitud frente a la vida. En definitiva, una novela muy alejada de la Rosa Montero de los últimos tiempos pero muy recomendable en especial para quienes la han descubierto y se han hecho lectores con sus primeros libros.  

lunes, noviembre 28, 2016

Ley matinal, Isabel Moreno García


Plaza y Valdés Editores, Madrid, 2016. 94 pp. 10 €

Pedro M. Domene

La mirada del escritor proyecta su yo narrativo en una multiplicidad de temas universales que contemplan ese obligado homenaje al amor y a la amistad, a los encuentros amorosos y a los desencuentros, el consabido paso del tiempo y la condición humana, esa permanente condición de hombre que celebra tanto el poder del arte como el de la literatura; en suma, una suerte de belleza capaz de convertir la naturaleza de los objetos en esa preclara afectación que hace realidad las vivencias que, de la mano de un narrador, cobran un nuevo sentido, y se ajustan a esa eterna visión que nos proporciona cada instante. Así debemos entender estos microtextos de Isabel Moreno García (Madrid) que titula Ley matinal (2016), en realidad, setenta episodios narrativos que contienen escenas muy diversas y, si en su obra anterior, Pasos (2013), la narradora nos invitaba a la contemplación, o su voz se diseminaba por instancias narrativas diversas, en esa búsqueda y captura de los momentos para condensar la totalidad de una experiencia, y aun más se abría paso en el aspecto literario con imágenes y visiones cercanas, de nuevo en Ley matinal, Moreno García, propicia encuentros fortuitos, hermosas impresiones de instantes y vivencias, y abundantes recuerdos que, de alguna manera, provocan esos momentos que condensan la totalidad de una experiencia vivida hasta convertirlos en literatura. Su prosa destaca por la delicadeza con que se retrata la sencillez de los ritos cotidianos y los pequeños gestos reveladores. Esta nueva entrega, también, de ficciones breves, con títulos tan sugerentes como “Miniatura”, donde lo grande e incluso lo pequeño se magnifica, “Volver la vista al cielo”, como exaltación de una belleza real o inventada a través del cromatismo pictórico, y lo mismo ocurre en “Fuga cromática” o sobre la imagen fotográfica que se obtiene de una realidad vivida, caso de “Linde”, aunque en todas, y cada una, remite a un yo plural y ficticio que aun así delata la continuidad de esa voz que se perpetúa en la escritura.
El estilo se caracteriza por un lirismo sutil, esa característica prosa poética que ofrece una afectada aprensión de la realidad, y que se concreta y refuerza a través de una adjetivación medida, bien distribuida y precisa, con esa sutilidad denotativa que provoca tanto en evocaciones como en emociones de una depurada belleza.
La escritura de Moreno García trasluce una no simulada pasión que procede de la musicalidad y del poder para trabajar bien la palabra exacta, capaz de crear ese efecto que traspasa los límites de una realidad cognoscitiva y reconocible, a su vez otra de sus características añadidas que ensancha los límites establecidos en las relaciones y modos humanos para al final detenerse, fijándolos en un gesto o una mirada, la de Isabel Moreno García que celebra así con su actitud la superación del desastre y reivindica con su literatura la trascendencia de cuantos numerosos detalles y encuentros cotidianos nos enfrentamos a diario; es entonces cuando la prosa de Moreno García cobra toda su fuerza, y entona ese acertado canto a toda una existencia.

viernes, noviembre 25, 2016

Teatro reunido, Arthur Miller


Trad. Victoria Alonso Blanco, Jordi Fibla Feito, José Luis López Muñoz y Eduardo Mendoza
Tusquets Editores. Barcelona, 2015. 488 pp. 23,50 €

Victoria R. Gil

En 2015 se conmemoró el centenario del nacimiento de Arthur Miller, uno de los mejores dramaturgos del pasado siglo, galardonado con varios premios Pulitzer y con el Premio Príncipe de Asturias, entre otros muchos reconocimientos que avalan una obra que sigue tan vigente hoy como cuando fue escrita. La editorial Tusquets decidió celebrar esa fecha con la publicación de un volumen que reúne cinco de sus mejores obras Todos eran mis hijos (1947), Muerte de un viajante (1949), Las brujas de Salem (1952), Panorama desde el puente (1955) y Después de la caída (1964). En todas ellas destaca la crítica social que caracterizó siempre su trabajo y, sobre todo, el desaliento que produce la imposibilidad de alcanzar ese sueño americano que, a pesar de lo que nos cuentan, no está al alcance de cualquiera.
Otro gran hombre del teatro, José María Pou, recordaba con motivo de este centenario las numerosas veces que se ha representado en España su obra más famosa y la que mejor representa la frustración de no cumplir unas aspiraciones imposibles, ese fracaso que se le pega a uno como el hedor del agua estancada y no se va con ningún cepillado. El traje de Willy Loman, un auténtico máster en representación teatral que todo actor aspira a superar con nota, se lo han puesto en nuestro país grandes nombres de la escena como Carlos Lemos y José María Rodero. (Éste último, en una versión para televisión con Juan Diego, Jaime Blanch y Berta Riaza que RTVE comparte en su archivo videográfico a través de internet y que no deberían perderse).
Willy Loman y sus castillos en el aire, su ambición nunca cumplida y su huida hacia delante nos resulta muy familiar porque tiene mucho de nosotros mismos, inmersos en este tiempo capaz de levantar un sistema financiero sobre cimientos de cristal y convertir la especulación capitalista en la única y verdadera religión. Eso sí, los ricos, como los santos, siguen siendo los otros.
De plena actualidad es también otra de las obras incluida en esta antología. En el prólogo a su traducción de Panorama desde el puente, Eduardo Mendoza asegura que ésta refleja «la situación de los inmigrantes ilegales, obligados a asumir la marginalidad, a integrarse de hecho y de derecho en el círculo de la delincuencia, sin otra causa que el deseo de ganarse la vida con un trabajo honrado». Una situación que, como recuerda el autor catalán, se ha agravado hasta alcanzar hoy dimensiones globales.
¿Y qué decir de Las brujas de Salem, un alegato contra la detención de cualquier norteamericano sospechoso de ser comunistas impulsada por el senador McCarthy en Estados Unidos y de la que fue víctima el propio Arthur Miller? El fanatismo religioso que tan bien retrata el escritor, irracional y violento, como lo es cualquier otro fanatismo (político, racial…) empeñado en la destrucción del otro, del diferente, llena las primeras páginas de nuestros periódicos cada día. La pervivencia de unos conflictos que fueron descritos hace más de sesenta años no nos deja en buen lugar.
En Todos eran mis hijos y Después de la caída, el dramaturgo va a profundizar en las heridas que siempre provocan las relaciones personales. En la primera, un pobre hombre que nos recuerda a Willy Loman por sus sueños de gloria, no es más que un empresario sin conciencia, a quien no le importa pagar el precio más alto por aumentar su margen de beneficio. Y el descubrimiento de su verdadera naturaleza quiebra por segunda vez una familia que, quizás (su tragedia es ignorarlo) él mismo había roto ya, sin saberlo.
En Después de la caída, el escenario va a ser «la mente, el pensamiento y la memoria» de su protagonista, y el principal argumento, ese campo de batalla que es el matrimonio y del que acaso nadie logre salir indemne. Escrita después de la muerte de Marilyn Monroe, con la que estuvo casado cinco años, Miller relata sin pudor sus reflexiones más íntimas y nos transmite la intensidad y el desencuentro de aquel amor que pareció nacer condenado al fracaso.
Este Teatro reunido que nos ofrece Tusquets es una magnífica oportunidad para reencontrarnos con la obra de un escritor que nunca tomó el camino fácil y cuyo principal mérito radica en despojarnos de caretas y artificios hasta dejarnos desnudos como el emperador.

miércoles, noviembre 23, 2016

La invención de la libertad, Juan Arnau


Atalanta, Girona, 2016. 288 pp. 23 €

Fermín Herrero

Juan Arnau es un pensador heterodoxo y singular, no en vano estudió astrofísica antes de doctorarse en filosofía sánscrita y ha ejercido la docencia en las universidades de Michigan, Benarés y Barcelona. Conocía de su obra algún estudio sobre el budismo, además de narraciones en Pre-textos y su exitoso Manual de filosofía portátil, publicado, como el título del que nos ocupamos, La invención de la libertad, por la exquisita editorial Atalanta. En todos ellos muestra una calidad de escritura notable, al conjugar, tarea harto difícil, lo ameno y lo profundo.
De la pluralidad de sus intereses da buena cuenta este volumen, que agavilla acercamientos a la aventura en pos del espíritu, entre la intuición y la inteligencia, la percepción y el recuerdo, la memoria y la materia, de Henri Bergson, al que tanto admiraba Machado, del que tanto aprendió su poesía como palabra en el tiempo, deudora del crucial concepto de Durée («la sensación misma del transcurso, la experiencia consciente, íntima, del tiempo»); a la exploración hacia la mística del edificante William James y hacia la perspectiva radical del matemático que terminó como metafísico jubilado en Harvard Alfred North Whitehead, para quien, en virtud de su “filosofía del organismo”, estamos «en todo lo que percibimos». Los tres, intelectuales de formación ampliamente humanista, compartieron curiosamente estrado a lo largo del tiempo en las Gifford Lectures de Edimburgo. Arnau, exegeta de lujo, dialoga con ellos, le sirven como palanca. Su pensamiento, en la línea de los filósofos a los que se aproxima, tiende a lo sentencioso –alguno de los apotegmas que vertebran el texto es incluso muy arriesgado, caso de «el universo no tiene leyes sino hábitos, como todo lo vivo»- en detrimento de la hipotaxis. Renuncia a los tecnicismos abstractos y a la jerga académica en beneficio de un razonar libre, activo, especulativo, basado primordialmente en la percepción, en una atención de reminiscencias budistas y en la sensibilidad de las experiencias emocionales y estéticas
¿Por qué Arnau ha elegido precisamente a estos tres autores? Según el filósofo valenciano, porque cada uno a su manera mantuvieron, frente al helador ventarrón de la preponderante ciencia contemporánea, el que soplaba, y sopla, hacia el materialismo mecanicista, el positivismo, el determinismo y el absolutismo tecnológico, que «el mundo es una invención de la libertad», de ahí el título. Por eso, en todo momento, siguiendo su estela, el estudio se ajusta a la premisa de dotar al razonamiento filosófico de un componente de imaginación («empatía, creatividad y atención: éstos son los tres ejes de la propuesta que plantea este libro») al que han dado la espalda tanto las orientaciones centradas en la lógica lingüística como las derivadas del existencialismo dominante en la modernidad.
Aparte del seductor enfoque hermenéutico, el ensayo cuenta con semblanzas deliciosas, como la del padre de W.James y del novelista Henry, que «prefería la chimenea al foro», elección que todos deberíamos tener muy en cuenta; o evocaciones como la del París coetáneo de Bergson: el de Proust, Manet o Debussy. Y desarrolla un pensar, un discurrir cuyo norte es siempre la convicción de que la filosofía «determina nuestro modo de estar en el mundo».
En suma, una invitación de primer orden a meditar activamente sobre la condición humana, a practicar la expresión liberadora desde la emoción genuina y desde la experiencia interior del hombre. Otro acierto de la editorial gerundense Atalanta, que con este libro pasa de los cien números en una colección que aúna la factura formal impecable con lo provechoso y variopinto de los contenidos, en cualquier título, tanto en las reediciones necesarias de clásicos olvidados como en descubrimientos deslumbrantes como el pensamiento filosófico de Jean Gebser, los inigualables escolios de Nicolás Gómez Dávila o la narrativa breve del iconoclasta Yasutaka Tsutsui, por poner algún ejemplo.

lunes, noviembre 21, 2016

Señales de humo. Manual de literatura para caníbales I, Rafael Reig


Tusquets, Barcelona, 2016. 384 pp. 19,50 €

Pedro Pujante

A mitad de camino de la novela de aventuras y el manual de literatura (caníbal, en este caso, como señala el propio autor), Señales de humo constituye una pieza única en la literatura actual. Por dos razones. Primero, porque aborda unos cuantos siglos de la historia de la literatura española y en parte europea con desparpajo, ironía, profundidad analítica y falta de solemnidad (esto último es de agradecer); y también porque, además de ilustrar es capaz de mantener una coherencia argumentativa, estilo elevado y gancho literario enormes.
El recurso del que se vale Reig para articular la novela es a través de lo fantástico: un narrador, un profesor de literatura contemporáneo, tras un ¿intento de suicidio?, se encarna sucesivamente en distintos personajes de la historia y testimonia en primera persona, de primea mano, acontecimientos de la literatura. El relato avanza con una tesis dualista de la literatura, en la que dos bandos se enfrentan a lo largo del tiempo. Por un lado, las formas populares, representadas por la juglaría, y por otro, la poesía culta, con el estamento culto del Mester de Clerecía a la cabeza. Una suerte de lucha de clases de inspiración marxista, en la que el autor toma partido por la primera.
En todo caso, el periplo del cambiante protagonista-narrador es secundario, cimentándose el peso y el valor de Señales de humo en su naturaleza de carácter didáctico. Un repaso magistral y filológico, que va desde los albores de nuestras letras hasta el ocaso del Siglo de Oro.
Además de una gran erudición libresca, Rafael Reig demuestra ser un admirable conocedor del espíritu humano. No por el desarrollo de sus personajes, que como decíamos, carece de importancia en Señales. Sino por su gran capacidad para ahondar en la psicología de una y otra época, en sus idiosincrasias, en sus lenguas, para así ofrecer una visión rica y profusa de sus literaturas. Combinando su vasta cultura y mucha documentación, el libro está plagado de citas, fragmentos de textos y referencias a otros textos, que hacen para el curioso, para el buscador de perlas literarias que Señales de humo se convierta en un lugar feliz. Reig domina el lenguaje, escribe con una soltura sobrenatural y hace que la literatura clásica parezca divertida, entrañable y de algún modo cercana.
Geniales son sus aproximaciones a Petrarca –padre del Humanismo– o a Villon –el primer poeta maldito–. Hasta tal punto que el lector se cuestionará si realmente el narrador, si el propio Reig, no habrá viajado alguna vez en el tiempo para conocer sus épocas, sus vidas, sus sentimientos.

viernes, noviembre 18, 2016

Tres días y una vida, Pierre Lemaitre


Trad. José Antonio Soriano Marco
Salamandra, Barcelona, 2016. 224 pp. 18 €

Ángeles Prieto Barba

Tras obtener Pierre Lemaitre en 2013 el Premio Goncourt, el más prestigioso de las letras galas, por la excepcional Nos vemos ahí arriba (Salamandra, mismo traductor), el público español ha ido conociendo progresivamente sus novelas, cuatro de ellas policíacas constituyendo un ciclo en torno al comisario Camille Verhoeven, comandante de la Brigada Criminal de París. Pero fue con Vestido de novia (Alfaguara, 2014), thriller psicológico al margen de esta serie, cuando volvió de nuevo a alcanzar el éxito y las ventas masivas, dotada como estaba dicha novela de un ritmo trepidante y adictivo, pero también de ambigüedad psicológica sin moralina, invitando al lector a sacar conclusiones propias. Y en Tres días y una vida, la novela corta que ahora presentamos, nos vamos a encontrar en buena parte con repetición de fórmula (ritmo y ambigüedad), por lo que los lectores habituales de Lemaitre deben sentirse contentos, de enhorabuena. Y los que no, también.
Tres días y una vida, no obstante, más que un thriller novelado parece un cuento largo muy bien cerrado, con personajes importantes de comportamientos inusuales que nos llamarán mucho la atención y a los que podremos encontrar explicación solo al final, acabando el relato. Se trata pues de una nouvelle muy bien planificada en tres partes, que pivota en torno al clásico Crimen y Castigo de Fiodor Dostoievsky, con la particularidad de que el crimen no es premeditado sino accidental y de que el asesino protagonista es un crío de tan solo doce años. Y hasta aquí puedo desvelar lo que sé sobre la trama, para que no decaiga el interés.
Mucho más podemos contar sobre el personaje principal y el significado final que esta narración entraña. No cabe duda de que a Pierre Lemaitre le impactaría en 1993 el caso de Robert Thompson y John Venables, dos críos británicos de diez años que, tras robar en unos grandes almacenes juguetes y dulces, decidieron atrapar a un pequeño de dos años al que torturaron hasta matarlo. Acto seguido, depositaron el cadáver sobre las vías de un tren para que este le pasara por encima y así eludir responsabilidades. Es solo que las cámaras de seguridad del centro comercial grabaron el rapto y a los culpables, a la vez que los forenses identificaban las múltiples heridas que presentaba el cuerpo cercenado del niño asesinado. Tras las detenciones, todos los medios de comunicación reprodujeron una noticia que rompía brutalmente con la imagen de inocencia, candor, esperanza y futuro que relacionamos siempre con la infancia. Y los dos niños fueron sentenciados a pena de prisión hasta alcanzar la mayoría de edad. Alcanzada esta, en junio de 2001 salieron de la cárcel, pero de 2010 a 2013 uno de ellos, John Venables, volvió de nuevo tras las rejas acusado de posesión y distribución de pornografía infantil, demostración de que hubo evidente motivación sexual patológica en aquel crimen temprano, lacra de la que el culpable no pudo sustraerse más tarde. Pues bien, de esta historia real a la ficción que nos presenta Lemaitre, un hecho nos parece incontrovertible: La inexorabilidad de nuestros actos que siempre dejan huella, mucho más en esta época (cámaras de vigilancia, testigos, móviles por doquier, restos de ADN). Y cabría otra cuestión importante para someter a discusión tras la lectura de esta novela. No ya si recibir condena por un crimen sea inevitable, sino si ese castigo impuesto, como medio de escarmiento y de redención, sirve para algo, o no. De ahí la ambigüedad moral del tema que el narrador nos presenta hábilmente en tercera persona, pero siempre bajo el prisma y la óptica del menor homicida con el que tal vez lleguemos a simpatizar. Quizá demasiado maduro, perspicaz y precavido para sus doce años. Ya veremos la evolución que sufre.
Lemaitre ha tenido la habilidad de componer una nueva novela de lectura subyugante, de esas que no podemos soltar hasta haberla terminado. Y también de proponernos otro tema psicológico serio sobre el que reflexionar. En los tiempos que corren, mucho supone. Lo suficiente para seguir incrementando el numeroso grupo de lectores, atentos y fieles, que ya posee.