viernes, abril 17, 2015

Blitz, David Trueba

Anagrama, Barcelona, 2015. 166 pp. 16,90 €

Salvador Gutiérrez Solís

A veces, basta con un chispazo, un fogonazo o un relámpago, de apenas un segundo, para que nuestra vida cambie. Ese segundo puede tener la forma de una decisión repentina, de una mirada o de un mensaje de texto en un teléfono móvil, tal y como le sucede al protagonista de Blitz. Resumamos: Beto recibe en su móvil un mensaje por equivocación, gracias al cual descubre el fin de su relación. El suceso se produce durante la estancia de Berto en Munich, finalista en un concurso internacional de paisajismo urbano. Desolado por el acontecimiento, el joven arquitecto decide ampliar su estancia en la capital alemana unos días más de los previstos inicialmente. En esta tesitura, tiene la oportunidad de escuchar la reflexión de un anciano paisajista japonés acerca de la relatividad del tiempo aplicada a nuestra vida y, sobre todo, conoce y comienza una relación con una mujer madura que le dobla, prácticamente, la edad.
En esta ocasión creo que es necesario relatar el argumento de la novela, en donde encontramos los conceptos esenciales que aborda David Trueba en la narración: el azar, la distancia, la soledad, el tránsito hacia eso que conocemos como edad adulta, el amor, el viaje, el tiempo, la deslocalización y la confusión. Y crisis, porque en Blitz hay mucha crisis, la social que padecemos todos, y la personal, que afecta a Beto, casi repentinamente.
David Trueba regresa a la novela tras varios años de ausencia con un título, Blitz, que a pesar de su extensión, incluso se podría entender como una novela breve, crece y permanece en el interior del lector una vez concluida su lectura. Blitz es como uno de esos pequeños bocados, de un sabor intenso, que sigue intacto en nuestro paladar horas después de haberlo consumido. Y lo es gracias a los temas que aborda Trueba, y que fácilmente nos pellizcan la piel, nos rozan, o se convierten en un espejo en el que nos vemos reflejados. Porque una de las grandes cualidades de David Trueba como narrador, en ésta y otras novelas, es esa cercanía, esa empatía, que logra con el lector. Bastan unos pocos renglones para que reconozcamos en su protagonistas, Beto en esta ocasión, a un conocido, a un familiar, y hasta puede que a un amigo. O a nosotros mismos.
David Trueba esparce a lo largo de la narración ese humor tan peculiar, que a ratos puede parecer chistoso, incluso, pero que no dejan de ser las muletillas que insuflan humanidad a sus personajes, y que nos evocan a la cotidianidad de vidas como las nuestras. Un humor que no se contradice con el espíritu reivindicativo de la novela, donde esta época de desigualdades latentes y lacerantes, la precariedad laboral y la mengua de oportunidades, especialmente para los más jóvenes, se ponen de manifiesto a lo largo de la narración. Brillante por momentos, siempre amable, cariñosa, me atrevería a calificarla, envuelta en esa narrativa tan característica que parece contar con su propio ritmo y sonoridad, en Blitz están todos esos elementos que han convertido a David Trueba en uno de los nombres fundamentales de la narrativa española actual.

jueves, abril 16, 2015

Espejo de sombras, Felicidad Blanc

Cabaret Voltaire, Barcelona, 2015, 320 pp. 20,95 €

José Miguel López-Astilleros

Felicidad Blanc (1913-1990) fue la esposa del poeta Leopoldo Panero (1909-1962), quien ocupó diversos cargos en las instituciones culturales franquistas, pero también fue la madre de los poetas Juan Luis (1942-2013) y Leopoldo María (1948-2014), así como del diletante Michi Panero (1951-2004). Por esto es conocida, y por haber participado en la película a la que nos referimos a continuación. En 1976 se exhibe la película El desencanto, dirigida por Jaime Chávarri, donde madre e hijos hablan sobre sus recuerdos y reproches familiares. Durante el rodaje, detrás de las cámaras, Felicidad Blanc contaba muchas cosas que no relataría delante, lo que nos induce a pensar que aquello que quedó fuera de foco, sí está en este libro. Tras el gran éxito del film, Natividad Massanés, profesora de literatura, le propone a Felicidad que escriba sus memorias. Ante su negativa, esta le sugiere que grabe en sucesivas conversaciones todo lo que ella vaya recordando, con el propósito de publicarlo. Es posible que su decisión se deba a que no quedó conforme con el resultado de la película, o más concretamente con la imagen final que se transmite de ella. El libro se publicó por primera vez en 1977, y reeditado ahora por Cabaret Voltaire íntegramente, sin ningún añadido posterior, incluso con el prólogo original de Natividad Massanés y las mismas fotografías.
Estas memorias no pretenden ser una historia fidedigna de la familia Panero, sino un compendio de recuerdos personales de una mujer perteneciente a una clase acomodada en una determinada época de la historia de España, que estuvo a la sombra de tres poetas, como esposa sufrida y madre; y, por qué no decirlo, fue víctima de una sociedad anquilosada en un exacerbado conservadurismo machista. Comienza remontándose a sus orígenes desde sus bisabuelos y llega hasta la actualidad de entonces, finales de los años 70. La narración sigue un orden cronológico, aunque no abundan las fechas concretas. Esto no supone ninguna dificultad, porque basta situar los acontecimientos que menciona para orientarse. Felicidad Blanc se convierte en un testigo familiar y cotidiano de una época de la historia de España, lejos de toda elaboración e interpretación intelectual, así lo prueban por ejemplo sus jugosas anécdotas, como el día en que su abuela la llevó al entierro de Pablo Iglesias, o cómo vivió la Guerra Civil en el Madrid republicano.
Obviamente el matrimonio con Leopoldo Panero en 1941 es determinante en su vida. En numerosas ocasiones deja traslucir las innumerables dudas que tuvo antes de dar este paso, tanto que en algún momento podríamos llegar a la conclusión de que se enamoró de su poesía, más que de su persona. Pero no sólo eso, tuvo que renunciar a su carrera de escritora (llegó a publicar algunos cuentos en revistas de prestigio), resignarse al papel de ama de casa y madre, y acostumbrarse a la frustración de vivir en una sociedad y con un marido que la infravaloraban. En la página 252 reflexiona en este sentido: «¿En dónde estuvo mi equivocación? Quizás en confundir la literatura con la vida: los libros están para ser leídos, no para vivirlos al lado de quien los escribió.» La personalidad de Leopoldo Panero fue decisiva en esa insatisfacción vital que la acompañará a lo largo de su vida, debido a sus amantes (aunque esto no lo expresa de manera abierta), a la presencia constante de sus amigos (llegó incluso a detestar al omnipresente Luis Rosales) y a su borracheras cada vez más violentas. Aunque por otra parte tuvo el privilegio de relacionarse con la élite intelectual del momento, con personajes como Pío Baroja, Manuel Machado, Gerardo Diego, etc., aparte de conocer a los mejores poetas de los 50 gracias a su hijo Juan Luís tiempo después.
Dos personajes por los que sintió especial cariño, amor sugiere ella, son el poeta Luís Cernuda y el escritor cubano Calvert Casey. Al primero lo conoció en su exilio de Londres, donde vivió una temporada con Leopoldo, que era por entonces jefe de estudios, no director como se lee en algunas semblanzas biográficas, del Instituto de España en esa ciudad. Ella asegura que el amor que se profesaban era mutuo. Al segundo lo conoció mucho más tarde, muerto ya su marido, de la mano de Vicente Molina Foix, que fue quien lo llevó a casa, según cuenta, y el mismo que le comunicaría con posterioridad que se había suicidado en Roma. No es descabellado pensar, como sugiere Luís Antonio de Villena, que en esta ocasión está fantaseando en alguna medida, puesto que ambos eran homosexuales; a menos que se refiera a un amor exclusivamente espiritual.
En la parte final del libro se presenta como una madre abnegada que está a disposición de sus hijos, por los que lucha en la medida que se lo permiten sus circunstancias, pues quedó en la más absoluta de las penurias económicas al enviudar; lo cual contradice de algún modo lo testimoniado por sus hijos en las dos películas señaladas.
Felicidad Blanc, como casi toda la familia, respiraba literatura por todos sus poros, tanto que a veces resulta difícil dirimir cuándo estamos ante un personaje real o ficticio, de construcción propia. Esto junto con una personalidad imaginativa, unas vivencias contradictorias, oscuras a veces y luminosas otras, además de un exquisito bagaje cultural, la convierten en un ser complejo y fascinante, cuyo libro de memorias, pasado el tiempo, le gana en verosimilitud a las dos películas sobre la familia, fueran o no así exactamente los hechos que cuenta. Y desde el punto de vista humano, en su descargo, debería tenerse en cuenta el difícil papel de una esposa y madre que se enfrenta a la pulsión autodestructiva de su marido y sus tres hijos, en un período histórico sombrío. Y por último, hay agradecer a los editores de Cabaret Voltaire el haber rescatado este extraordinario testimonio de una mujer singular sobre una época y una familia, cuya perspectiva enriquecerá sin duda nuestro conocimiento de todo ello.

miércoles, abril 15, 2015

Pájaros en los bolsillos, Javier Expósito Lorenzo

La Huerta Grande Editorial, Madrid, 2015. 131 pp. 22 €

Pedro M. Domene

Javier Expósito Lorenzo (Madrid, 1971) ha ido configurando un mundo de lo breve de una forma pausada, y se sumerge en la literatura apostando fuerte, caso de su primera obra, Más alto que el aire. Breviario para el alma (2013), un finísimo canto espiritual para nuestros días, cuando nuestra capacidad de sentir y de pensar conforman un binomio tan importante como necesario. Ahora se asoma al complejo mundo del cuento o del relato breve, sin duda el género más sincero porque, entre otras muchas características, se reviste de algo de ironía, alguna que otra sonrisa, e incluso cuando sacude nuestras conciencias, provoca en nosotros un sereno llanto; el cuento, en definitiva, nos muestra el mundo como si de una vidriera policromada se tratara, y oscila entre ese profuso sentimiento humano y lo más preclaro de una visión metafísica; en realidad, los cuentos son historias que merecen ser contadas en singular.
Si algo caracteriza a los cuentos de Pájaros en los bolsillos (2015) es su pluralidad, su identidad con el ser humano y cuantos aspectos se derivan del poder de su fantasía; esto es, Javier Expósito sustenta su fabulación sobre una realidad solo sostenible con algo de fantasía e irrealidad, aunque es verdad que sus historias pese a ese corte maravilloso nos sugieren las más diversas actitudes ante la vida, las emociones, el intento de superación, los peligros, los recuerdos y esa huella indeleble que nos deja el pasado, nos dibuja una difícil convivencia o, en el peor de los casos, el olvido. La huella de las lecturas del narrador sirve para poner de manifiesto los materiales con que elabora su literatura, y en esta colección percibimos la visión irónica e hilarante del mejor Kafka, o como contrapartida un Borges cuya libertad se extiende a sus propios personajes porque, para el argentino, la literatura suponía un juego dramático que revela esa relación entre dualidades, como ocurre en un estupendo, “Jansek Selimen”. El mundo concreto de Javier Expósito se especifica en algunas de las transformaciones que experimentan sus personajes y en las ausencias de los mismos porque, en definitiva, se trata de una existencia convulsa donde todo cabe, por supuesto. La variedad temática está servida, incluida la extensión de muchos de estos cuentos de corte cercano al microrrelato, o de una variada extensión en otros. Y, también, afina con un curioso sentido de la ironía, “Cuestión de familia”, del humor, “La mala uva de Andresito”, lo inesperado y sorprendente, “El último guerrero bunzu”, en su sentido más lírico, “Juan Gallina”; y como algún que otro atrevido previo, nos ofrece en “Lección de humildad” su versión del más famoso de los dinosaurios.
En el breve prólogo, Fernández de la Sota afirma que en nuestras vidas, como en el Universo, abunda la materia oscura, sin saber muy bien qué pasa y, claro está, se refiere a la dificultad para entender qué ocurre a nuestro alrededor; Expósito es consciente de ello y se apresura a contar, y se aproxima a sus historias en la forma más sutil que tiene un escritor para hacerlo, acepta el riesgo y relata lo que ve, incluso aquello que no se percibe, y aun más lo que somos capaces de intuir. Quizá por eso, los cuentos de este madrileño se concretan en breves notas, agudas crónicas, sucesos, acontecimientos cotidianos, o fantásticas sorpresas anodinas, que se acercan a un halo o se traducen en un suspiro poético y espiritual. Y lo mejor es que, al final de todas y cada una de las páginas de este libro, uno deja volar su imaginación, se lleva las manos a sus bolsillos, y en cualquier momento, ocurre esto: puede encontrar, como el niño Guille, sus propios pájaros.

martes, abril 14, 2015

El síndrome de mamá osa, Luz Bartivas

Ediciones Nobel, Oviedo, 2014. 232 pp. 19 €

Victoria R. Gil

Madre de dos hijos y colaboradora habitual de publicaciones sobre cuidados y educación infantil, lo que destaca en El síndrome de mamá osa no es, sin embargo, la experiencia personal y profesional de la periodista madrileña Luz Bartivas, sino su sentido del humor, una cualidad muy necesaria para todos aquéllos que desean ser padres sin morir en el intento (ni matar a la suegra, pedir el divorcio o hacerse la vasectomía). Con sólo ojear el índice, uno ya puede estar seguro de que la lectura que ofrecen las páginas de este libro es de las que merecen la pena y, además, nos harán reír, lo que es un plus muy de agradecer: “Con la teta al aire”, “Mi hijo eructa mejor que el tuyo”, “No es la mili, sólo la guarde”, “Ampas y Hampas”, “¿Me lo matarán en el instituto?”, “Padre, yo soy (casi) Darth Vader”.
Manuales para padres novatos los hay a cientos, por eso Bartivas se acerca a la maternidad con una perspectiva muy concreta, la del instinto de protección que se activa en cualquier hembra en el mismo momento en que nace su cría, sin importar la especie a la que pertenezca. Y ese instinto de protección es el síndrome de mamá osa que da título al libro, que en la mayoría de los casos sirve para conseguir el objetivo para el cual la naturaleza nos dota de él: proteger a los hijos hasta convertirlos en adultos capaces e independientes, pero que en otros, afortunadamente los menos, transforma a la nueva mamá en una osa cavernaria, destinada a rugir en el clan que formará con otras iguales a ella.
La autora describe estos clanes como unos grupos «aparentemente estupendos, divertidos, que se juntan a tomar café por las mañanas para coger fuerzas antes de emprender las tareas domésticas o la confección de tartas de diseño de Hello Kitty, y mientras hacer un repaso a las ofertas del Ahorra Más, a los disfraces de Navidad o carnaval, y a la profesora de Pepito. Eso, estando de buenas. Cuando están inspiradas se pasan una hora explicando cómo se cocina una lombarda, y si están literarias el protagonista es el Señor Grey con todo su abanico de poses seductoras y cachetes en el culo. Estando de malas... ». Estando de malas pueden llegar a ser como una de esas hordas enfurecidas capaz de linchar a cualquier disidente.
Experta en esa peculiar vida social que surge en las verjas de los colegios tras su paso por centros educativos, asociaciones de padres, funciones de carnaval, cumpleaños infantiles y el catálogo habitual que conlleva la escolarización de los hijos, no debería asombrarnos el relato de Bartivas. Periódicos e informativos nos han demostrado estos días que no sólo existen los corrillos de madres (hay padres, pero menos), sino que al otro lado de la verja también algunos profesores se han apuntado a los clanes cavernarios. Ventajas del whatsapp.
Con El síndrome de mamá osa, Luz Bartivas nos conduce desde los primeros meses del bebé, las tomas, los cólicos y esos percentiles como marcas a batir de alguna prueba olímpica, hasta la guardería, el colegio y el instituto, momento éste último que viene a coincidir con la llegada de la adolescencia, un periodo del desarrollo humano con tan mala prensa que necesitaría ya mismo un buen relaciones públicas. Este recorrido a través del crecimiento y la educación del niño está salpicado de anécdotas, algunas hilarantes, como esta conversación de escatológica rivalidad maternal: «—Chica, estoy preocupada, Lucía está súper estreñida. —No me digas. (…) —Sí, ahora lo ha intentado y no ha podido. —Pues hija, no es por darte envidia, pero el mío antes de salir de casa ha hecho una caca…. Ufff ¡Qué maravilla!». O esta otra, cuando el retoño ya ha crecido y empieza a preocuparse por el sexo opuesto: «—Quiero depilarme las pelotas. —De qué me estás hablando, Raúl… —De depilarme los huevos, que me da asco tener pelos ahí. —Pero si eso no se depila, hijo. —¿Qué no? Queda horrible, a la gente no le gusta. —¿Es que vais enseñándolos por ahí? —No, pero a las tías no le gustan los pelos en los huevos».
Como dice en el prólogo Pepe Colubi¸ otro ilustre bien humorado, «el libro de Luz Bartivas son todas las biografías posibles en una sola; cualquier persona con dos dedos de frente se reconocerá en esos hijos sin manual de instrucciones y toda madre se identificará con esa progenitora poderosa y titubeante, amante pero severa, tan insegura al principio como resolutiva al final (…) Esta lectura me ha hecho mejor hijo. Y eso es mucho más de lo que ningún libro ha hecho por mí».
El síndrome de mamá osa quizás no les haga sentirse mejores hijos ni mejores padres, pero si aflojará en parte la presión por querer ser esos progenitores perfectos que, aceptémoslo, nunca llegaremos a ser. Y nos aliviará descubrir que hay otros, como nosotros, que también han deseado alguna vez tirar a sus retoños por la ventana. De buen rollo. «Cuando voy de compras con ellos sólo me quedan ganas de matarlos… Si empiezo a poner voces de asesino en serie, Alba me dice susurrando: “mamá, nos estás poniendo en evidencia”. Entonces pienso en cómo deshacerme de los cadáveres sin que se note. Soy una mierda de madre».

lunes, abril 13, 2015

El oro y la sangre Vol. 1, Fabien Bedouel, Chabane Merwan, Maurin Defrance y Fabien Nury

Spaceman Books, Barcelona, 2015. 128 pp. 25 €

Jaime Valero

La narrativa de aventuras parte de una serie de elementos ineludibles, empezando por un abanico de localizaciones variadas y exóticas, la combinación de la intriga con el humor y el drama, y, por supuesto, uno o más protagonistas que, ya sea por convicción plena o por efecto del azar, abandonan la comodidad del hogar y la seguridad de sentirse parte de un grupo social para abrazar lo desconocido y embarcarse en toda clase de correrías. A todo ello hay que sumar un elemento fundamental que, de forma más o menos evidente, se plantea siempre en el género de aventuras: el afán de libertad. En el caso concreto de El oro y la sangre, el cómic que hoy nos ocupa, esta libertad se presenta de dos formas. En primer lugar, la libertad individual frente a la alienación o las restricciones del grupo, tal y como la representan los dos protagonistas de esta historia: Calixte de Prampéand y Léon Matilo. Dos personajes contrapuestos, como suele ocurrir en las historias protagonizadas por una pareja de aventureros, siendo el primero de ellos un aristócrata parisino, y el segundo, un buscavidas marsellés. Sus pasos se cruzan en las trincheras de la Primera Guerra Mundial y, tras acabar el conflicto, reciben la conocida “llamada del mar” y deciden partir rumbo a África para ganarse la vida como piratas y contrabandistas. Los dos, sobre todo Calixte, rompen con su pasado para seguir ese impulso que los incita a librarse de los grilletes con los que tanto sus más allegados, como la sociedad en general, intentan mantenerlos aferrados a las limitaciones de la cotidianidad. La segunda libertad que se plantea en El oro y la sangre es colectiva, la de las tribus rifeñas que se levantaron en armas contra las autoridades coloniales española y francesa para conseguir la libertad y la independencia para su pueblo. El conflicto, que se inició antes incluso que la Gran Guerra, se extendió hasta el año 1927, y es precisamente el último tramo del mismo el que encontraremos plasmado en estas páginas. A priori, no parece que Calixte ni Léon pinten nada en él, pero ese mismo afán de libertad que los llevó a salir de su país, los impulsa ahora a apoyar la causa de los rifeños.
Este volumen 1 de Spaceman Books recopila en un tomo los dos primeros álbumes de la edición original francesa. El germen de la obra hay que buscarlo en un viaje a Marruecos que los dos guionistas realizaron hace ya 20 años, del que Maurin Defrance extrajo la idea para una novela, que no llegó a publicarse, y que Fabien Nury adaptó al cómic. A este último conviene seguirlo de cerca, con obras tales como Érase una vez en Francia (Norma Editorial) y Silas Corey (Dibbuks), que combinan magistralmente aventura e intriga con una ambientación encuadrada en la primera mitad del siglo XX. En cuanto al dibujo, en El oro y la sangre se lo reparten Fabiane Bedouel y Chabane Merwan, ambos procedentes del mundo de la animación, con un estilo dinámico de marcados claroscuros que nos remite a los trabajos de dos referentes del cómic de aventuras: Jacques Tardi y Hugo Pratt. Los cuatro juntos, estos autores han conseguido la difícil tarea de crear una historia de aventuras que no cae en la banalidad ni el artificio, sino que atrapa al lector gracias al carisma de sus personajes y a la riqueza de su ambientación.

viernes, abril 10, 2015

El libro de Jonah, Joshua Max Feldman

Trad. de Damià Alou. Libros del Asteroide, Barcelona, 2015. 432 pp. 24,95 € (e-book 14,99 €)

Angeles Prieto Barba

Catorce años después de la destrucción de las Torres Gemelas, contamos con innumerables ensayos sobre el suceso, pero no tantas novelas. Tal vez tuviera razón Norman Mailer cuando afirmó que era preciso dejar transcurrir un tiempo antes de abordar literariamente un hecho tan trascendental como este, ya que ha cambiado nuestra forma de vida instalando en ella el miedo. Pero ya es hora. Let's roll, como exclamó uno de los pasajeros del vuelo 93 antes de asaltar la cabina. Recordad que aquel avión se estrelló, pero sus heroicos pasajeros impidieron otro atentado masivo. Pues bien, el impacto de todo aquello también consiguió que nos cuestionáramos este presente nuestro tan desabrido de precariedad laboral, constantes desplazamientos, competitividad sin escrúpulos, soledad y aislamiento, riqueza y pobreza extremos. Pues bien, Joshua Max Feldman afronta estos problemas actuales con la mirada honesta propia de un judío neoyorquino que ya no practica su religión, pero no puede sustraerse a ella. Como cualquiera de nosotros, como la mayoría, ante una fértil tradición que nos ha servido durante siglos para explicarnos el mundo. Es por ello que para hacer balance de lo ocurrido recurrirá a una conocida historia bíblica del Antiguo Testamento: el Libro de Jonás. Y qué gran resultado ha obtenido. De sobresaliente.
El bíblico Libro de Jonás nos transmite un hondo mensaje divino de ira primero y compasión después, pues Jehová, decidido a acabar con Nínive, ordena a Jonás que para evitarlo predique el arrepentimiento masivo de la ciudad. Este se asusta y huye en un barco hacia Tarsis, pero Dios le enviará una tempestad por la que se verá arrojado al vientre de una ballena donde sobrevive durante tres días, orando de manera constante. Expulsado vivo de la misma, vuelve a Nínive y profetiza su segura destrucción. No le harán caso, pero Jehová finalmente se apiada: «Por mi parte, ¿no debería yo sentir lástima por Nínive la gran ciudad, en la cual existen más de ciento veinte mil hombres que de ningún modo saben la diferencia entre su mano derecha y su izquierda, además de muchos animales domésticos?» (Jon 4:10, 11). Y a partir de este relato severo, con evidentes elementos fantásticos, Feldman elabora una sólida y convincente historia actual donde el personaje principal se verá afectado por visiones y avisos en los que contemplará la destrucción de Nueva York primero, y a todos sus habitantes desnudos después. Alucinaciones cuya consecuencia inmediata será la pérdida irremediable de su envidiable puesto de trabajo como abogado tiburón, así como el fin de sus dos relaciones sentimentales, una esporádica y otra con fines matrimoniales. Por ello, viéndose de patitas en la calle y sin amor, abandonará Nueva York y se dirigirá a los canales de Amsterdam, lugar que podemos identificar perfectamente con el famoso vientre de la ballena. Y es allí donde conocerá al otro personaje clave de la novela, esa Judith, culta, hermosa y solitaria, protagonista de otro libro bíblico aún más fiero, que sobrelleva una vida errática y bastante triste desde la pérdida de sus progenitores en uno de los vuelos que provocaron el derrumbe de las Torres Gemelas. Y hasta aquí puedo leer.
Cólera y lástima, dolor y perdón, se suceden por tanto en esta crítica lúcida, honda y honesta, dirigida a la sociedad que hemos erigido sobre las epidérmicas bases del dinero y del sexo. Con todos los medios de comunicación a nuestro alcance, pero en la que poco tenemos que decirnos. No es una novela divertida como anuncia su solapa, sino mucho más que eso porque encierra una segura esperanza de redención. Así como denota un gran esfuerzo de aproximación al lector absolutamente cálido, inusual y sorprendente, ya que estamos ante una brillante opera prima. Además, cuenta con una traducción excelente y esforzada, por la que notamos enseguida el esmero y la pulcritud de quien se ha visto cautivado por la novela y le ha hecho justicia. Solo nos queda esperar que Feldman nos brinde otro regalo como este.

jueves, abril 09, 2015

Ornamento, Juan Cárdenas

Periférica, Cáceres, 2015. 176 pp. 16,75 €

Pedro Pujante

Hay libros que son difíciles de clasificar, libros raros que parecen escritos por una mano firme pero que bordease los límites de la realidad y la cordura. Pienso en la prosa de Kafka o en algunos relatos fantásticos de Felisberto Hernández. Pienso en la Trilogía involuntaria, de Mario Levrero. Raros que abogan por una literatura ¿fantástica? En todo caso, difíciles de etiquetar.
En esta tradición de los raros se podría acomodar a este joven autor, Juan Cárdenas (Popayán, Colombia, 1975), quien ya publicó en esta misma editorial una novela titulada Los estratos.
En Ornamento se cuenta la historia de unos experimentos que se están llevando a cabo con mujeres para perfeccionar una droga recreativa. Uno de los doctores que está al mando de las pruebas médicas se llevará a una de las pacientes a su casa y comenzará una relación triangular con ella y su propia esposa, una neurótica artista. Pero las tensiones aflorarán, la situación comenzará a enrarecerse y una perturbadora obsesión anidará en su cabeza.
La historia está contada por el propio protagonista. Un personaje que parece cada vez más distanciado de la propia realidad. De hecho, hay un cierto aire onírico que baña toda la narración, que desdibuja las situaciones y los personajes hasta volverlos casi irreconocibles. Como si una especie de alucinación o subjetividad demoledora tomase posesión del narrador. Además, se intercalan, a la manera joyceana, monólogos de la propia paciente, en los que se desvelan los fantasmas de su pasado, sus angustias y sus terrores familiares. Un pasado abyecto, miserable y oscuro, que consiguen explicar en parte esa tenebrosidad que la paciente número 4 parece albergar.
Las nuevas drogas parecen ser todo un éxito. Lo cual provocará un caos y disturbios en la ciudad, una ciudad tomada por mujeres violentas y ávidas de la sustancia, que harán cualquier cosa para satisfacer su novedosa adicción.
El lector tiene ante sí una historia distinta, original y que abre una nueva vía en la narrativa contemporánea, literatura que se distancia de lo comercial y que se atreve a ser un puro juego. Cárdenas sabe deslizarse del detalle exterior nimio a la atenta mirada del alma humana. Consigue dibujar un fresco contemporáneo de la demencia de nuestra sociedad, a través de unos personajes marginales y patéticos, que tienen más de criaturas esperpénticas y lunáticas –aunque reales, creíbles- que de seres imaginarios sin contornos.