lunes, julio 28, 2014

Fabiografía, Fabio McNamara / Mario Vaquerizo

Espasa, Madrid, 2014. 288 pp. 17,90 €

Miguel Baquero

Tuve la inmensa suerte de ver a Fabio McNamara en sus días de gloria, cuando yo era poco más que un quinceañero y la Movida madrileña se hallaba en pleno auge. Y doy fe de que era un personaje fascinante, magnético; a mí al menos me dejó impactado por su espontaneidad, su transgresión, su vitalidad, la naturalidad admirable con que se situaba por encima de nosotros, pobres mortales contingentes, mientras que él era una rock-star despendolada habitante de un mundo de glamour. Ese engreimiento que en el noventa por ciento de las personas resulta insufrible, en McNamara quedaba tan auténtico que uno no podía evitar mantener clavados sus ojos (aún adolescentes) en aquella figura.
Luego, como es sabido, todo se fue disolviendo, con la ayuda muchas veces de una gotas de limón: vinieron programas de televisión clausurados, revistas que publicaban su último número, locales cerrados por reforma, cines vacíos convertidos en bancos, incluso viejos vinilos arrinconados por el formato digital. Tres o cuatro, no más, se instalaron en la cumbre y los demás —al menos los que estaban a mi alrededor— comenzamos a meternos en problemas realmente serios: ya se pueden imaginar, problemas económico-laborales-familiares y hasta financieros. Todo cayó en la desidia o sencillamente el cansancio, como anticipo de esta puta crisis malhumorada de hoy.
De Fabio McNamara, uno, como he dicho, de los personajes de la Movida que más me impactó en su día —el otro fue Ana Curra— hacía tiempo que había perdido la pista, pues entre que él salió del primer plano y que yo estaba demasiado ocupado, siempre demasiado ocupado, para buscar a nadie… Las últimas noticias que tenía sobre él no eran, desde luego, muy agradables, sino bastante sórdidas… pero, en fin, nada más sabía a su respecto hasta que, de pronto, me sorprendió verle en el famoso programa de televisión «Alaska y Mario», y enterarme de que éste, Vaquerizo, estaba trabajando en una biografía suya…
Quiero pensar que soy un tipo sin prejuicios. Conque, pese a que la primera impresión que me ocasionó el tal Mario, esposo de Olvido/Alaska, fuera detestable —me pareció entonces un tipo que alardeaba de tontuna, que es la degradación de la frivolidad—, seguí sin embargo atento a él para ver si mi juicio cambiaba en segundas y terceras impresiones. Y lo cierto es que sí, que me acabó pareciendo un tipo cuando menos divertido, más bien muy divertido, y desde luego no tan tonto como daba a entender. Así que cuando vi que estaba preparando una biografía de McNamara el asunto me intereso por triple motivo: 1) por ser Fabio quien era; 2) porque Vaquerizo, tras el flash repentino, parecía ser alguien bastante inteligente; y 3) porque igual aquella era, al fin, la «gran novela» de la Movida, esa novela, o biografía, o lo que sea, que hable de aquellos tiempos con la enjundia que, yo creo, merecen.
Pues bien, ya acabó Vaquerizo la biografía, ya la publicó, ya salió a la venta… y ya la he leído. Ignoro qué críticas habrá recibido en estos días —imagino que las habrá habido muy buenas, por ser Vaquerizo y la editorial quien es y poder permitírselo; y muy malas, así mismo por ser quienes son—. Yo quiero seguir pensando que no tengo prejuicios y allá voy con lo que, sinceramente, el libro me ha parecido. Por encima de todo, curioso, ameno… no otra cosa podía esperarse de un personaje tan festivo y unos tiempos tan deslumbrantes. Dicho esto —que para muchos basta: que un libro te haga pasar un buen rato y te mantenga sumido en la lectura—, voy a tratar de afinar un poco más, como corresponde a una reseña, aunque sea gratuita. En primer lugar, no sé si la manera en que «está contado» el libro «procede» o no, qué diría el propio McNamara. El libro está ideado como un monólogo continuo de Fabio en que cuenta su vida desde la infancia.,,, y yo aquí puedo entender la postura de Vaquerizo: retirarse a un muy segundo plano y dejar toda la voz a Fabio; porque si en algo coinciden quienes le conocen y le conocieron es que el fuerte de Fabio era y es su espontaneidad, su genialidad súbita, el rapto inspirado. Entiendo, pues, que Vaquerizo haya mantenido el tono fresco y desinhibido de quien está contando algo entre amigos, con abundancia de expresiones tal que «yo como que estaba ya muy harta», «era todo el rato así, que la veías y decías qué divina» o «venga jijijí y jajajá». Con esta base, claro que el libro es muy ágil y fácil de leer, pero incluso así cualquiera intuye que respetar el habla llana de un individuo no significa transcribir, por ejemplo, sus titubeos cuando duda entre qué palabra emplear o si acaso tartamudea en alguna ocasión —que no es el caso, pero si se descuida…—. Que aunque pueda ser buena idea respetar la originalidad, hay no obstante que pulirlo un poco, no es mera cuestión de ejercer de grabador. Ni que, como a Vaquerizo, lleguen a colársele incluso errores gramaticales, algún «contra más» y cosas así.
Uno piensa también que Vaquerizo, quizás, se ha dejado llevar demasiado por el fluir de la memoria de Fabio, sin interrumpir su perorata, por más que fascinante, para hacerle alguna pregunta. Aclarar alguna duda que pudiera quedar por el camino. Por ejemplo: incidir en el tema artístico. McNamara se declara a menudo pintor a lo largo del libro, pero es el caso que nunca le vemos hablando (ni se le pregunta, que es a lo que voy) sobre sus gustos pictóricos, sobre su estética, sobre cuál es su objetivo al pintar, qué busca… Bueno, sí, una vez nombra a Basquiat, a Warhol dos o tres, pero porque le fascina el personaje, y a Costus porque vivió con ellos. Pero no se registra ninguna visita al museo del Prado, por ejemplo, aunque lo tenga bien cerca, o al Reina Sofía, ni ninguna opinión sobre pintores clásicos.
Así mismo, no se encontrará nunca al autor/protagonista leyendo un libro —salvo un curso por correspondencia que hizo sobre temas místicos—. Hay, eso es cierto, una vasta y envidiable, adelantada y moderna cultura musical, pero en general faltan —escandalosamente— siquiera algunas reflexiones —siquiera una reflexión— sobre su fundamento teórico a la hora de pintar. Porque toda propuesta estética debe partir de un pensamiento previo; incluso a lo intuitivo debe llegarse como conclusión, como rechazo reflexionado de lo caduco y búsqueda consciente de lo primigenio. Pero sin fundamento, cualquier expresión artística es superflua… y sería una lástima, porque las reproducciones de cuadros de McNamara que se ofrecen al final parecen de mérito.
Yo entiendo que tanto Vaquerizo como McNamara puedan estar dentro de la cultura pop, del posmodernismo o como quiera llamarse, en que se adora lo frívolo y lo intrascendental, y que seguramente no buscasen con este libro más que el lector pasase un buen rato, echara unas risas y descubriese algunos detalles de la Movida que desconocía. En este sentido: objetivo cumplido. Pero uno piensa, al cerrar el libro, que se ha perdido una ocasión única de presentar a un personaje como algo más, mucho más, que un tipo que combinaba ropa y complementos como nadie y al que todo le sentaba bien. Una oportunidad de pasar a un plano más importante, más humano y universal… En fin, que la Movida de esos días queda en espera de esa gran novela —quizás nunca se produzca—, de esas páginas que desbrocen el camino que ya señalaron gente como García-Alix con sus fotos y El Ángel con sus poemas.

viernes, julio 25, 2014

Infieles y adulterados, Juan José Millás

Nórdica, Madrid, 2014. 96 pp. 19,50 €

Pedro M. Domene

El maridaje entre relato e ilustración no es algo novedoso, significativo o un hecho que presuponga echar las campanas sal vuelo. Aunque si se trata de aunar fuerzas entre el narrador Juan José Millás (Valencia,1946) y algunos ilustradores, Pablo Auladell, Miguel Gallardo, Antonia Santolaya o Eva Vázquez por enumerar algunos de los dibujantes, un total de catorce, y subrayar que se trata de lo mejor del panorama ilustrador de hoy, el esfuerzo merece la pena, sin duda alguna. A Millás le van las distancia cortas, eso es indudable, buena prueba de ello sus innumerables columnas periodísticas o relatos cortos profusamente editados, de memorable aceptación entre el público lector. Surge así el mejor ejemplo de poligamia absoluta; aunque, claro, en este caso es literaria y plástica.
Infieles y adulterados. Cuentos de adulterio (2014) cuenta catorce breves historias, ilustradas con otros tantos dibujos, y un hilazón común: sexo e infidelidad, perversión y amor. Versiones distintas sobre las relaciones de pareja donde lo íntimo y el deseo son vistos desde una óptica de profunda ironía, aunque el alma humana asoma por los rincones de estas páginas donde los hombres sueñan, se dejan llevar por perversiones sexuales sádicas, o se sienten turbados por irrefrenables deseos prohibidos. Lo aceptable y lo más convencional luchan en estas historias porque los apetitos sexuales de sus protagonistas rozan esa zona imposible que supone el deseo y el atrevimiento, en ocasiones tan surrealistas como cotidianas y así Millás establece un catálogo de esposos y amantes, pícaros y mentirosos que desarrollan sus habilidades en distintos terrenos de la intimidad más humana. En realidad, como afirma el propio narrador, «No hay estadísticas fiables sobre el número de adulterios que se cometen en el mundo cada hora, cada minuto, cada segundo, pero son tantos que casi estamos a punto de afirmar que la base del matrimonio es el adulterio. Más aún: la base sobre la que se sostiene la realidad es el adulterio». Los adúlteros pueden actuar por la tarde y por la mañana, de noche o de madrugada, incluso desarrollan sus capacidades en días laborables y fines de semana.
Por títulos tan sugerentes como “El bígamo”, “Una hija como tú”, “Un hombre vicioso” o “Pasiones venéreas” se pasean hombres (casi todos los protagonistas, lo son) que engañan a sus esposas con las de otros hombres, en hoteles apartados de la actividad humana, “carnívoros” en sofás-cama de apartamentos con olor a cebolla, otros son infieles de pensamiento, de palabra o de obra, familiares que coinciden a la puerta de un prostíbulo o mujeres insatisfechas, la nómina de personajes es tan amplia como la perspectiva desde la que se puede observar y juzgar una infidelidad. El adulterio más humano, más real, el adulterio que puede manifestarse en un breve pensamiento o una mirada, en una acción exquisitamente planeada o en un descuido del subconsciente, queda representado, de una manera magistral, en este libro con las ilustraciones que dicen mucho con muy poco, imágenes que se entienden igual en España o en cualquier lugar del mundo. La infidelidad, por decirlo de alguna manera gráfica, rezuma una fragancia a moralina que, en ocasiones, “aturde” a sus protagonistas. Emilio Urberuaga, ilustra la historia “El paraíso era un autobús”, que cuenta en un espacio breve la magia de un enamoramiento efímero. «Todos nos hemos sentado en el autobús o en el tren y nos hemos enamorado durante cinco segundos de alguien». A lo largo de la historia literaria, el adulterio o la infidelidad no ha dejado de despertar el interés de los escritores por lo que añade de conflicto al relato y permite presentar situaciones personales de íntimo desgarramiento y, sobre todo, mostrar las convenciones sociales y morales, bastante más permisivas, con el hombre e intransigentes en el caso de la mujer.

jueves, julio 24, 2014

Tierno bárbaro, Bohumil Hrabal

Trad. Kepa Uharte. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2014. 128 pp. 17 €

José Miguel López-Astilleros

Desde que en 1988 apareciera la primera traducción al español de Trenes rigurosamente vigilados, se ha venido traduciendo y editando la obra de Hrabal, que además ha tenido desde entonces muy buena acogida entre los lectores. Tierno bárbaro es la primera vez que se publica en España, damos por ello la bienvenida a una obra que sin duda contribuirá a completar el conocimiento de este gran autor checo. Fue escrita en 1973, cuando el régimen soviético lo había apartado de la vida civil y vivía en su casa del bosque de Kersko, su publicación por tanto tendría que esperar, pues sus obras estuvieron prohibidas hasta los años sesenta, y vueltas a prohibir tras la Primavera de Praga (1968).
Todo el libro es un alegato a favor de la amistad que compartió con su amigo, el poeta y pintor Vladimir Boudnik, con quien tuvo muy estrecha relación, hasta que este se suicidó meses después de que los tanques soviéticos entraran en Praga. Así pues, el protagonista principal es Vladimir, acompañado frecuentemente por el mismo narrador, trasunto del mismo Hrabal, y el filósofo y también poeta underground Egon Bondy. De todos modos, en la personalidad recreada de Vladimir Boudmik atisbamos muchos rasgos de la del autor, de hecho hay un momento en que el narrador dice que ambos son como los dos epicentros de una misma elipsis. En cambio, Bondy, marxista crítico con el poder reinante, ofrecerá un punto de vista que oficiará de contrarréplica a distintos hechos y pensamientos de Vladimir. Aparecen otros muchos personajes como artistas, cineastas y sobre todo personajes humildes, muy queridos tanto por Boudnik como por Hrabal. La estructura narrativa consiste en ir dando cuenta de unas anécdotas o hechos vitales, que, convenientemente amalgamados, van dibujando el perfil artístico y humano tanto del protagonista como de su peculiar manera de estar en la vida. No hay un hilo argumental cronológico claro en esta obra, lo cual la dota, a nuestro parecer, de frescura y veracidad, hasta parecer casi una improvisación, a semejanza de algunos recuerdos, que suelen salir a borbotones emocionales, sin clasificaciones temporales entre ellos, aunque no por ello estemos ante un texto caótico de difícil lectura, ni mucho menos, como tampoco ante un biografía.
Si la melancolía, el humor, la tragedia y la sensualidad son rasgos de la literatura checa, este libro encarna todas esas características, que son tanto las del escritor como las de su carácter personal. Habría que añadir la ternura que aparece en el mismo título, una ternura que el protagonista esparce sobre cada objeto de su mirada, sea material, animal o humano, nada escapa a esa candidez, a ese deseo de regresar a los orígenes maternales, intrauterinos. Vladimir siempre encuentra el lado artístico en todo lo que hace, dice y piensa, se podría decir que convierte su propia vida en arte. El narrador dice sobre él «…en todo el mundo nadie te perdona que quieras vivir en paz y a costa de la ebriedad, y por tanto del universo…» (pág. 35), lo cual quiere decir que es un disidente vital, en abierta pugna contra la mediocridad y la grisura del ambiente. Frente a este vitalismo, encontramos el suicidio como tema recurrente, en Vladimir y en Hrabal, recordemos que este último también se suicidó, o se cayó desde la habitación del hospital donde estaba internado, según la interpretación oficial. Son varios los personajes que flirtean con el suicidio, hasta el punto de convertirlo incluso en algo grotesco, pero que acaba en tragedia.
Uno de las características más sobresalientes es la ironía y el humor, negro en muchas ocasiones, que llega a la carcajada desternillante y grotesca a menudo, como cuando un pintor de paredes se acerca a ellos en una taberna y les cuenta lo siguiente «Señores, soy un hombre casado, eso no es que sea nada interesante, pero señores, vivo con mi suegro en una habitación dividido por una cortina. Mire, que mi suegro se coma mi comida, no es nada interesante, pero señores, cuando por la noche tras la cortina hago el amor con mi propia mujer, veo en la cortina la silueta de mi suegro, masturbándose en mis narices con tanta habilidad que cuando me llega, a él también le llega, señores, ¿cuándo encontrarán así a un suegro en el mundo?» El humor y la ironía no sólo se decantan en un efecto paródico del tema que trata, sino que le sirve para profundizar incluso en el pensamiento filosófico.
Dice Milan Kundera que Hrabal es «La encarnación de la Praga mágica, una unión del humor terrenal y la imaginación», pero habría que añadir que en este caso todo eso está expresado con poderosas imágenes poéticas (los cuervos y las cornejas son «pequeños Diógenes negros»). Quien haya leído alguna obra de Bohumil Hrabal, no debe caer en el error de creer que ya lo conoce, porque como dice Monika Zgustova, su biógrafa, «Cada libro suyo es distinto a los demás», todo un alarde de imaginación y sensibilidad.

miércoles, julio 23, 2014

Alguien dice tu nombre, Luis García Montero

Alfaguara, Madrid, 2014. 252 pp. 18 €

Cristina Davó Rubí

Es difícil elogiar la obra de Luis García Montero (Granada, 1958) con palabras que no se hayan dicho ya. Sin embargo, este escritor incansable nos sorprende con cada una de sus obras, porque si bien en todas subyace su estilo y su poética –incluso en la narrativa–, son a la vez singulares todas ellas. Como así ocurre con su última novela, Alguien dice tu nombre, un relato a un tiempo realista y casi lírico que narra con naturalidad la historia de León Egea, estudiante de Filosofía y Letras en la Universidad de Granada. Ciudad donde está ambientada la novela, omnipresente como si de un personaje más se tratara, en el verano de 1963 que pone a prueba al joven protagonista. La descripción que el autor hace de Granada es tan acertada que nos traslada sin remedio a sus espacios –el café Suizo, el cine Aliatar, la fuente de las Batallas, sus calles– en aquella época franquista de la sequía y la canícula, con cortes de agua y represión. No cabe duda de que León tiene mucho del propio García Montero, un joven que a sus diecinueve años precisamente vivía en Granada, estudiaba la misma carrera, aspiraba a ser escritor, y seguro compartía idéntico afán de rebeldía. Un joven que empieza a descubrir el amor, mientras despiertan sus ideales políticos. El contrapunto es Consuelo, una mujer que sobrepasa la treintena, soltera, experimentada, que representa el deseo de libertad y de dignidad, tan difíciles de conseguir por las mujeres en aquel momento. Ese verano como ayudante de vendedor de enciclopedias en una editorial cambiará para siempre la vida de León. Se podría hablar, pues, de una especie de viaje iniciático del protagonista, de la mano de la madura y atractiva secretaria, el avezado Ignacio, profesor de Literatura y el peculiar compañero Vicente, cuya vida no es tan insulsa como parecía. De hecho, se trata de un relato en el que no todo es lo que parece y el lector lo irá descubriendo al mismo tiempo que el propio protagonista, que cree saberlo todo, como todos los jóvenes, pero poco a poco va descubriendo la verdad y su percepción de cuanto le rodea cambia por completo. Por otra parte, la tensión narrativa hace que el interés sea creciente, que se lea con avidez, para llegar a un final sorprendente e inesperado.
Una novela, la tercera del poeta granadino, narrada en primera persona –León plasma en un diario sus experiencias a modo de ejercicio de escritura–, con una prosa alejada de todo artificio, serena, que juega mucho con la metaliteratura, pues su cuidado estilo, la importancia que se le da a la lengua –de verdadero ingenio hemos de calificar el método de vender enciclopedias a través del poder evocador de las palabras–, así como las referencias literarias son continuos. Desde el peculiar modo de Valle-Inclán de agrupar los adjetivos, hasta alusiones a grandes poetas como Lorca o Neruda, pasando por obras narrativas como Ana Karenina o Los hermanos Karamazov, Montero erige un verdadero monumento a la literatura, una de sus pasiones, sin soslayar temas difíciles como la hipocresía, la desigualdad, la pérdida de la inocencia, el compromiso, la crítica social. Alguien dice tu nombre, además de una oda al amor («Consuelo me ha enseñado a hacer el amor y a hablar en la cama. Me ha enseñado a decir la verdad…»), que ya se vislumbra en el título, es un homenaje a aquellos jóvenes que fueron capaces de dar un paso adelante y romper con la indiferencia para hacerse dueños de su propio destino («Que arda la prudencia de mi padre, la cobardía de los indiferentes…»). Porque como dice Ignacio, la política es una extensión más del compromiso con la literatura.
Autor de once poemarios, Luis García Montero se define como poeta, y es uno de los más importantes contemporáneos, tras más de treinta y cinco años dedicado a este género. No obstante, eso no menoscaba su narrativa, más bien al contrario la enriquece y la dota de una sensibilidad que emerge a flor de piel en Alguien dice tu nombre.

martes, julio 22, 2014

Cómo saber si tu gato planea matarte, The Oatmeal

Trad. Óscar Palmer. Astiberri, Bilbao, 2014. 132 pp. 15 €

Deni Olmedo

The Oatmeal (avena, en castellano) es el pseudónimo tras el que aparece Matthew Inman, quien escribe, dibuja, programa y diseña la página web www.theoatmeal.com, una divertidísima página llena de cómics, historias y concursos. Encontraréis viñetas dedicadas a zombis o al cuidado de los caballos, además de las dedicadas a los gatos. Y aquí entra la editorial bilbaina Astiberri, que con buen gusto y mucho mimo, ha recopilado las historietas protagonizadas por estos pequeños sinvergüenzas y las presenta juntas en el volumen Cómo saber si tu gato planea matarte.
Y es que, como bien advierte el título, «si tu gato te trae un pájaro muerto, no es un regalo: es una advertencia». Una amenaza de muerte. Y para un newcomer en el mundo gatuno como yo, es una guía que ayudará a interpretar las señales que nuestro querido Felis Silvestris Catus constantemente nos envía. Si mi gato (uno de los cuatro que pululan por mi vida) tiene a bien palparme (como si me amasara) «no es que me tenga afecto, sino que busca los puntos débiles de mis órganos internos» o cuando «tras haber usado su caja, tu gato arroja arena inútilmente por toda la habitación, está practicando cómo enterrar cadáveres».
Bromas aparte, Cómo saber si tu gato planea matarte es una divertidísima sucesión de anécdotas gatunas. Podrán encontrar una guía (hilarante) de cómo acariciar a un gato. Ideas para regalos. Cosas que adoran los gatos. Diferencias entre pasear a un perro y a un gato. La relación entre los felinos e Internet. Una comparativa entre tener un hijo y tener un gato, con mucha mala baba (y bastante razón). También vamos a disfrutar de las historietas de Los Bobcats. Son dos gatos —que responden al nombre de Bob— que tienen una peculiar manera de vivir el día a día en una oficina. The Oatmeal nos hace un recorrido de sus aventuras y sus relaciones con los compañeros (humanos) de oficina de lunes a sábado: «Verás, Bob. He recibido cierto número de quejas sobre tu costumbre de golpear a tus compañeros en la cara para después salir corriendo del cuarto», o «Eh, Bob, ¿has recibido este correo referente a la reunión de hoy? No, he estado ocupado lavándome la entrepierna durante las últimas tres horas, ¿qué dice?». 
El estilo del dibujo pasa del minimalismo en secciones como "Ideas para regalos" o "Cómo tu gato te ve a ti" al más elaborado de Los Bobcats. Pero siempre recordando el estilo de series de dibujos animados como Hora de Aventuras. Desenfadado. Fresco. Divertido.
Cómo saber si tu gato planea matarte es una más que recomendable lectura veraniega, que arrancará carcajadas tanto por la hilaridad de las situaciones que plantea, como por el día a día gatuno que más de uno y una reconocerá.


lunes, julio 21, 2014

Petroglifos, Luis Vea

Baile del Sol, Tenerife, 2014. 56 pp. 9 €

María Dolores García Pastor

Petroglifos es el título del nuevo poemario del escritor y poeta barcelonés Luis Vea. Veintidós poemas agrupados en cuatro apartados ("Volcán", "Latente", "Alma de batracio" y "Petroglifos") en los que se respira la esencia de las islas Canarias.
Poemas breves, con una exquisita concreción de trazo, de pincelada precisa. Un minimalismo formal forjado a través de la materia prima que nace en las islas canarias: lava, ceniza, piedras, agua, arena.
Este es un libro de paisajes internos que se miran en ese espejo que es la orografía de las islas. Una vez más este poeta nos viene a confirmar que una de sus grandes cualidades es su capacidad para unir el paisaje y las sensaciones convirtiéndolos en un todo. El paisaje, al principio del poemario más descriptivo, deviene esencial a medida que avanzamos en la lectura.
Petroglifos es también un libro de contraposiciones. El volcán es la calma pero también la furia. Las islas son la libertad pero también el confinamiento. La relación del poeta con el archipiélago canario, forjada a través de numerosas estancias en las islas, se hace presente en todo momento.
Vea conoce muy bien el lugar del que nos está hablando y eso se nota no solamente en lo que nos muestra sino en el lenguaje con el que lo hace. Así viajamos por un texto en el que abundan los jameos, médanos, fumarolas, perenquenes y el picón.
El paso del tiempo es un tema presente en toda la obra de este autor en especial en su poemario Hachazo de metrónomo (2011). Viendo la extensión de la obra el lector no puede por más que preguntarse cómo se puede decir tanto en tan poco.

viernes, julio 18, 2014

El mundo de afuera, Jorge Franco

Premio Alfaguara de Novela 2014. Alfaguara, Madrid, 2014. 312 pp. 18 €

Pedro Pujante

El último Premio Alfaguara de Novela lo ha ganado este escritor colombiano, Jorge Franco (Medellín, 1962), con una historia conmovedora, impactante, cuyo argumento giran en torno a un secuestro. En otras novelas ya indagó en asuntos concernientes al lado más sórdido del mundo colombiano, como la inmigración (Paraíso Travel, 2001) o la subcultura de los sicarios (Rosario Tijeras, 2000), ambas llevadas a la pantalla. La trama avanza y retrocede en el tiempo para dibujar la historia de Don Diego, un millonario colombiano. Cómo conoció a su esposa alemana Dita, veinte años atrás, y la decisión de construir un castillo de ensueño que coronase Medellín. Un castillo que servirá de metáfora sobre la que se edifica esta historia.
Su hija Isolda, como si de una Rapunzel moderna y triste se tratase, vive encerrada en su castillo, en su imaginario fantástico de criaturas mitológicas, música de los Beatles y paseos mágicos por los jardines que hay alrededor de su palacio. Pero el lector se engaña si cree que estos ingredientes, extraídos de los cuentos tradicionales, nos traen un cuento de hadas. Por el contrario, la historia de El mundo de afuera, como dijimos al comienzo, es la historia de un secuestro, una historia de violencia. Una banda de delincuentes ha planeado y llevado a cabo el secuestro de un millonario, con la intención de pedir un rescate que los saque de la miseria. Además, El Mono, jefe de la banda, es un ser atormentado, que naufraga en un mar de conflictos interiores, y obsesionado con Isolda, la hija del secuestrado.
En capítulos breves, con digresiones cronológicas que avanzan y retroceden en la biografía de los personajes de un lado –el mundo burgués del secuestrado- y del otro –la fauna de desposeídos que malviven en los barrios marginales de Medellín- Franco nos relata, alternativamente, la crónica del secuestro y de sus protagonistas. Protagonistas bien dibujados, con claroscuros y bien definidos que harán que padezcamos compasión, pena, dolor, entusiasmo, asco, horror y toda la gama de sentimientos que configuran el espectro del alma humana. Franco ha sabido radiografiar, a través de un secuestro, todo un conjunto de seres dispares que se afanan por vivir en un mundo duro, y que, a pesar de todo, están sumergidos en sus soledades y miserias, en sus contradicciones y sus anhelos.
El tronco narrativo se sitúa en los años 70 del siglo XX. Los personajes, como se ha dicho, son reales, de carne y hueso, y eso es uno de los platos fuertes de esta truculenta historia que como ha dicho Sergio Vila-Sanjuán «arranca como un cuento de hadas y acaba como una película de Tarantino». Cabría matizar al respecto que la novela, a pesar de estar decorada levemente con pinceladas de ese mundo fantástico de los hermanos Grimm (el castillo medieval, la hija-princesa encantada del millonario que ensueña un mundo fantástico como la Alicia de Carroll) no deja de ser una dura crónica de la realidad colombiana, de la delincuencia y de los estragos que la miseria llega a causar en las vidas de las personas. Porque, bien es cierto que la redondez de los personajes nos dificulta la tarea de posicionarnos, de establecer una barrera entre héroes y villanos desde un punto de vista emocional, que no ético, por supuesto.
La humanidad de los seres que habitan El mundo de afuera, ese extrarradio más allá de las fronteras del castillo que se erige como metáfora de un mundo idealizado y desprovisto de dolor, impregna la lectura de este relato crudo y duro, un relato que nos hará reflexionar y convencernos de que el mundo de afuera está ahí, aunque nos impongamos fronteras para protegernos. De hecho, la colisión de ambos mundos, el ostentoso que existe dentro del castillo y el precario que se extiende afuera, produce la fuerza que dinamita todo este antirrelato de hadas.
La prosa de Franco es directa, exhibe un sólido manejo del idioma, diálogos realistas y pocas concesiones a los devaneos estilísticos; que con los giros propios de los coloquialismos del habla colombiana conforman una lectura creíble, cercana y apropiada a la historia y por lo tanto equilibrada. Jorge Franco economiza y nos narra una historia de un modo preciso y con un ritmo correcto.