viernes, enero 07, 2011

Poemas y prosas de juventud, Paul Celan. Edición de Barbara Wiedemann

Trad. José Luis Reina Palazón (en colaboración con Iona Zlotescu). Trotta, Madrid, 2010. 248 pp. 20 €

José Luis Gómez Toré

Adentrarse en la prehistoria literaria de un escritor, en especial en el caso de un poeta, a menudo produce la extraña sensación de estar leyendo a otro autor, por más que algunos temas o imágenes ya anuncien la madurez literaria de esa voz. En cierta medida, ocurre así con Celan, creador de una de las obras más personales y arriesgadas del siglo XX: los primeros textos aquí recogidos están muy lejos de lo que será su apuesta por una escritura cuya radicalidad la convierte en un episodio imprescindible de la lírica contemporánea. Con todo, a diferencia de lo que ocurre con frecuencia en este tipo de recopilaciones, encontramos un buen puñado de poemas (sin contar con los que, con correcciones acabarán integrando Amapola y memoria) que se leen como algo más que ejercicios de estilo gracias a la riqueza de sus imágenes (una riqueza que será uno de los principales atractivos de su escritura de madurez) y a su honda capacidad de sugerencia.
La lectura de este libro muestra a las claras el peso que deja en la escritura celaniana la herencia simbolista. Ello no implica relegar a un segundo término el campo que abren las vanguardias, en especial el surrealismo (con el que su escritura, sin embargo, nunca llegó a confundirse). Con todo, conviene no olvidar que las vanguardias poéticas se nutren en buena medida de los presupuestos simbolistas, que a la vez combaten. Así, la poética celaniana, a la vez que trasciende el horizonte concreto de las vanguardias históricas, dinamita el simbolismo desde dentro, extremando no sólo sus procedimientos sino también su puesta en crisis de los referentes, lo que a la postre se consolida en una obra que radicaliza hasta borrar su rastro los caminos abiertos por los autores simbolistas y románticos.
El contraste entre la obra juvenil y la escritura posterior nos permite asomarnos a una serie de elecciones que abundan en la misma dirección: me refiero al abandono de la rima, todavía muy presente en estos textos juveniles, y el progresivo alejamiento de un cierto esteticismo, para asomarse a una aventura de la palabra en la que la belleza no es algo dado, sino un elemento tan perturbador como huidizo, y en el que se rechaza toda promesa fácil de armonía y de reconciliación. No menos significativo resulta el abandono del bilingüismo (un pequeño porcentaje de estos textos, en especial los pertenecientes a la prosa poética, fueron escritos originariamente en rumano). Se trata de un hecho nada anecdótico en un poeta, conocedor y traductor por otra parte de un buen número de lenguas, que acabará declarando la imposibilidad de escribir en otra lengua que no sea la materna. Conviene no olvidar que en alemán, como en castellano, la lengua, Sprache, lleva la huella de la madre, Mutter: Muttersprache, frente a la patria, Vaterland, marcada como en castellano por el nombre del padre; como también es preciso recordar que esta lengua en concreto es aquella que compartían su madre y los asesinos nazis de su madre, el vehículo lingüístico de la gran tradición poética de la que bebe Celan y también el idioma de la barbarie, la lengua de Hitler. Así la lengua materna acabará siendo al mismo tiempo territorio propio y tierra de nadie, en un poeta que somete al alemán a una tensión interna tal que supone una puesta en cuestión constante tanto del sujeto enunciador como de la propia textura de la enunciación, como si el solo hecho de hablar, y en concreto de hablar alemán, nos volviera culpables.
Los lectores de Celan están de enhorabuena con la aparición de este libro. No obstante, no quisiera dejar de señalar dos objeciones que tienen que ver, respectivamente, con la concepción global del volumen y con la traducción: la primera carencia, que cabe achacar a la edición original alemana pero que bien podría haber sido solventada por los editores españoles, es la parquedad del estudio y de las notas que acompañan al texto. Son muchas las razones que pueden llevar a un lector a acercarse a un libro como éste, pero rara vez es el mero placer del texto al tratarse de una obra todavía en camino hacia su propia voz. Por ello, se echa en falta un estudio más detenido de la trayectoria literaria y personal del autor y de las circunstancias concretas de escritura. Respecto a la traducción, creo que resulta un riesgo innecesario el mantenimiento de la rima en las versiones españolas, teniendo en cuenta la distancia fonética y semántica que existe entre el alemán y el castellano. Cuando se trata de lenguas tan alejadas entre sí, empeñarse en mantener la rima suele implicar o bien forzar más allá de lo legítimo la literalidad del texto o bien caer en rimas pobres, cuando no en meros ripios. Desgraciadamente, en las traducciones con rima de este volumen hay ejemplos de una y otra cosa. Celan merece más respeto, por más que muchos de estos textos constituyan tan sólo un débil vislumbre de la extraordinaria obra posterior.

miércoles, enero 05, 2011

Lo inolvidable, Eduardo Berti

Páginas de Espuma, Madrid, 2010. 128 pp. 14 €

Miguel Baquero

Los cuentos que componen este volumen parecen tener un denominador común: la preocupación por la expresión, en sus diversas formas. Desde el primer cuento, en que un alumno llega al colegio con la intención, y la ilusión, de ser introducido en ese maravilloso mundo de las letras que contempla con envidia, hasta la mujer que se encierra en su casa decidida a leer, diariamente y sin saltarse ni un artículo, cuanto periódico se publique en su ciudad, pasando por el músico que, repentinamente, pierde la memoria de la música, o los trabajadores en una cantera que esperan la llegada del correo y entretanto trafican con las cartas que cada uno recibe, los once cuentos que componen Lo inolvidable tratan sobre la manera en que nos definimos, bien a través del papel, de la música, del cine… o de la simple observación que se hace de nosotros. Cómo nuestra naturaleza depende en gran medida del modo en que nos perciben los demás y cómo estamos condicionados y hasta determinados por el otro, el que nos observa, el que nos lee, el que nos escucha, para el que actuamos… el que está al otro lado de la expresión. No existe una naturaleza solitaria; incluso el personaje que, en uno de los cuentos, queda ciego se halla preocupado, antes que cualquier otra cosa, por cómo ven sus ojos los demás, si azules o negros, como él los ve por dentro.
Autor de varios libros de cuentos y novelas, y finalista de premios como el Fémina o el Herralde, Eduardo Berti (Buenos Aires, 1964) reúne en este volumen de cuentos, Lo inolvidable, una serie de relatos exquisitos, magníficamente narrados y de finales trabajados y redondos. Cuentos que van serpenteando entre lo posible y lo imposible, entre lo mágico y lo cotidiano, confluentes a veces en un mismo relato, como el cuento del músico que, de pronto, olvida todo lo referente a su música, o la dentadura en un vaso sobre la mesilla de noche que, también de repente, comienza con una serie de recitaciones. Lo mágico, lo irreal se introduce de repente, a veces se siente lejos, a veces se queda en puertas, aunque se le abran todas (como en el cuento, arriba citado, de la mujer que decide leerse cada día todos los periódicos de su ciudad), otras irrumpe cuando menos se lo espera (como en el cuento “Fantasmas”), pero en todos los casos lo fantástico parece acechar al doblar de cada página.
El resultado es una serie de cuentos, algunos, como anuncia el título, inolvidables, que en varias ocasiones nos removerán en nuestro asiento y que nos muestran la expresión madura y muy literaria de un excepcional escritor a seguir.

martes, enero 04, 2011

Suomenlinna, Javier Calvo

Alpha Decay, Barcelona, 2010. 96 pp. 12 €

Cristina Consuegra

Gracias a libros como el que acaba de firmar Javier Calvo y publicar Alpha Decay, Suomenlinna, una vuelve a creer en la literatura de lectores, es decir, aquella que el escritor piensa para ser leída por el Otro, la que busca la complicidad del que sostiene esa realidad compleja y polisémica que es un libro, una literatura que se edifica desde el hedonismo y no desde el egocentrismo.
Suomenlinna es el nombre de un archipiélago finlandés constituido por siete islas de nombres prácticamente impronunciables y sobre el que reposa una fortaleza construida por la corona sueca a principios del siglo XVIII. Este lugar singular e inquietante ha servido de pretexto al barcelonés Javier Calvo para edificar una historia, proyección mítica del archipiélago, que reflexiona a través de la vida de su protagonista, la adolescente Mirkka Rislakki, sobre la presencia silenciosa e implacable del miedo, la soledad, el rechazo y la esperanza en una sociedad claustrofóbica donde la voluntad se alberga en el corazón azul de algún pesado iceberg de difícil fundición; una sociedad que recoge y alimenta los ecos de un tiempo anacrónico, donde el sonido del Black Metal alimenta paisajes y determina la identidad de un grupo de adolescentes que considera amenaza cualquier síntoma no reconocido por sus códigos de conducta.
La novela se presenta con un regreso, con la historia de un rencuentro no deseado y sus consecuencias, con la descripción fría y precisa de un escenario que Mirkka, y su conjunto de signos adolescentes, aborrece; un escenario en el que las salidas son escasas y el entendimiento con el entorno, ya sea persona, animal o cosa, se antoja difícil por no escribir imposible. Ese regreso al cálido hogar, en plena Navidad, ofrece al lector el primer ejercicio de violencia, la más dura y cruel, la silenciosa, la violencia estratega que traza planes a corto plazo, ya sea a través del desprecio de la hija hacia sus padres, en el miedo de una hermana, en el orgullo herido de un padre o en la abisal incomprensión de una madre. Mirkka regresa al que fuera su hogar gracias a un permiso penitenciario, topándose con un número de figuras desconocidas que no hace ningún tipo de esfuerzo por acercarse al mundo caótico de la adolescente. Gracias a esta presentación, casi declaración de intenciones, Calvo traspasa todo tipo de fronteras literarias y ofrece una historia con la que la propia violencia hubiera soñado, una historia en la cual el lugar, Suomenlinna, es el fin y el Black Metal el medio.
Desde ese primer encuentro, el aparato de la ficción ve suceder, a través del tejido narrativo, una serie de elementos o asuntos temáticos que se sustentan sin lirismo ni precipitación: el horror de la supervivencia, el peso del malestar y la furia, la amenaza del capitalismo, los rituales, la adoración a Odín y al Norte, la ópera del odio, la complejidad cíclica de la adolescencia, pero sobre todo la violencia hacia el Otro como sentir social, conjunto de elementos que permite a su autor, como bien advierte el narrador de la historia, hacer que el mundo aparezca como metáfora de la historia y no a esta como metáfora del mundo.

lunes, enero 03, 2011

Bajo diez banderas. La odisea del Atlantis. Bernhard Rogge y Wolfgang Frank

Trad. Juan José del Solar. Edhasa, Barcelona, 2010. 448 pp. 30 €

Julián Díez

No nos cansamos de conocer historias de la II Guerra Mundial, el episodio histórico que, para los nacidos entrado el siglo XX, supone el referente básico que construyó el mundo que conocimos. Fascinan tanto las historias de horror del régimen nazi, como ejemplo definitivo de la maldad, como las de heroismo en un campo de batalla que aún resultaba comprensible, humanizado.
La historia de Bajo diez banderas me resultaba vagamente conocida, por lo que la lectura de este volumen se hacía tentadora. Y, efectivamente, aquí tenemos un punto de vista singular del conflicto, una de esas magníficas historias colaterales que cautivan la imaginación. Porque además de una anécdota de la II Guerra Mundial, esta es una historia de mares exóticos, piratas y caballeros; muchos factores como para no atraer el interés. El crucero auxiliar alemán Atlantis navegó durante año y medio a través de cientos de miles de millas para capturar a un total de 22 buques enemigos, causando daños millonarios y consiguiendo en una ocasión la captura de un navío inglés que contenía importantísima información secreta sobre la presencia británica en Asia: tanto, que se estima que el ataque de Pearl Harbour, implicando a los estadounidenses en el conflicto, estuvo en parte motivado por la convicción japonesa de la debilidad británica manifestada por esos documentos.
El Atlantis era un buque corsario: se acercaba a sus presas simulando ser un mercante neutral para luego descubrir sus cañones y apresarlo. Lo que ha hecho su historia más atractiva es la personalidad de su capitán, Bernhard Rogge: un marino a la vieja usanza que trataba a sus prisioneros con respeto e intentaba causar los menores daños personales posibles. La fama de Rogge fue tal que se convirtió en uno de los escasísimos militares de alta graduación que no fueron detenidos tras la derrota alemana, se convirtió en contraalmirante con mando en la OTAN y narraron su singladura con el Atlantis en una película en 1960, seguramente la primera en que se retrataba a militares del bando derrotado bajo un prisma favorable.
El presente libro, uno de los muy numerosos sobre esta aventura publicados en inglés o alemán, cuenta con la ventaja de recoger en primera persona las vivencias de Rogge, recopiladas por un periodista germano; para dar prueba de que realmente su labor de corsario fue poco común, el prólogo y el epílogo están escritos elogiosamente por el capitán de uno de los barcos que capturó. Como relato de memorias de alguien sin pretensiones literarias, por tanto, es un libro totalmente subjetivo, bastante frío, pero por todo ello de incuestionable sabor. Rogge no es dado a florituras, relata lo sucedido bajo un prisma sereno, se detiene en las cosas que preocupan a un hombre de mar —condiciones del oleaje, estado de ánimo de la tripulación, cumplimiento de las normas— antes que en hacer poesía sobre lo ocurrido.
Sin embargo, en esa desnudez y falta de literatura se intuyen las verdaderas condiciones en que llevaron a cabo su trabajo y las motivaciones que los guiaron. La alegría ante los éxitos, las celebraciones, la camaradería, el temor siempre presente a la muerte. Todo ello a través de los mares más exóticos, en el calor del trópico o el frío de las aguas antárticas. Una aventura de primer orden, por tanto, contada por alguien que apenas parece dar importancia a su extraordinaria vivencia.