viernes, mayo 21, 2010

Premios Tormenta 2009: ganadores

Premio Tormenta al mejor libro publicado en castellano en 2009

El viajero del siglo, Andrés Neuman.
Alfaguara, Madrid, 2009.
531 pp. 22 €

«Hay territorios en los que no se puede entrar, por más que se pretenda (Kafka nos lo demostró con la historia de su agrimensor); y también espacios que, de una forma invisible pero inquebrantable, aherrojan a quienes en ellos penetran y no les permiten la huida. Hans, el protagonista de esta novela, lo notará pronto: una vez que pone sus pies en Wanbernburgo ya no hay forma de que pueda salir de allí. Y serán dos los motivos principales para esta poderosa adherencia emocional: el organillero (un misterioso anciano de extraña sabiduría, que se gana la vida tocando su instrumento junto a un perro llamado Franz y que habita en una cueva misérrima) y Sophie (una chica de la buena sociedad wandernburguesa, aficionada a la lectura, políglota, de ideas feministas bastante adelantadas a su tiempo y mantenedora de un salón donde los viernes se discuten ideas políticas, culturales y sociales). (...) Andrés Neuman no sólo ha demostrado en El viajero del siglo su fortaleza en la extensión, sino también en la intensión. Un poderoso reto narrativo y literario del que sale notoriamente musculado.»

(de la reseña de Rubén Castillo Gallego)


Andrés Neuman nació en 1977 en Buenos Aires, donde pasó su infancia. Hijo de músicos emigrados, terminó de crecer en Granada en cuya universidad estudió y fue profesor de literatura hispanoamericana. Ganó el Premio Alfaguara 2009 con su novela El viajero del siglo, votada entre las cinco mejores del año en lengua española por los críticos de El País y El Mundo, que recientemente obtuvo el Premio de la Crítica y, ahora, el galardón que concede La Tormenta en un Vaso. Próximamente será publicada en Gran Bretaña, Francia, Italia, Brasil, Holanda y Portugal. Es además autor de las novelas Bariloche, La vida en las ventanas y Una vez Argentina; los libros de cuentos El que espera, El último minuto y Alumbramiento; la colección de aforismos El equilibrista; y el volumen Década, que reúne sus libros de poemas publicados hasta hoy. Ha recibido el Premio Hiperión y resultado finalista del Premio Herralde. Mediante una votación que convocó el Hay Festival, fue incluido en la lista Bogotá-39 entre los más destacados jóvenes autores nacidos en Latinoamérica.
(foto: Daniel Mordzinski)



Premio Tormenta al mejor nuevo autor en castellano

La ciudad feliz, Elvira Navarro.
Mondadori, Barcelona, 2009.
192 pp. 16,90 €

«Lo que nos hace temblar en las historias que Elvira Navarro nos cuenta se esconde en la lógica aplastante que rige la moral de los niños: quiero esto, no quiero aquello. Cambia de estación entre su anterior novela (La ciudad en invierno) y ésta (La ciudad feliz), pero no de estilo ni mirada (si es que acaso no fueran la misma cosa). De nuevo nos encontramos con protagonistas en los últimos coletazos de la infancia, y uno quiere pensar que no hay tanto un gusto especial por esa edad cuanto la búsqueda de un terreno que le permita a la autora indagar en temas como la inadaptación o el terrible descubrimiento del vacío vital. (...) Navarro disfruta limpiando su prosa de todo lo que pueda ser innecesario. Su economía narrativa da lugar a una frialdad descriptiva que (sabiamente) nos incomoda aún más ante sus historias: uno llega a sentir que se enfrenta a la historia desnuda. Ni siquiera la primera persona del relato de Sara tiene el peso de una narración unidireccional. Los devotos de la novela corta sabemos que es posible esconder la falta de contenido en la brevedad, pero nada tiene que ver esto con el texto que nos ocupa. En Navarro es tensión la brevedad, intensidad y compromiso con un estilo narrativo.»

(de la reseña de Emilio Ruiz Mateo)


Elvira Navarro nació en Huelva en 1978, y es licenciada en Filosofía. En 2004 ganó el Certamen de Jóvenes Creadores del Ayuntamiento de Madrid, y entre 2005 y 2008 disfrutó de una beca de creación en la Residencia de Estudiantes. En 2007 apareció su primer libro, La ciudad en invierno (Caballo de Troya), que fue acogido calurosamente por la crítica y distinguido como Nuevo Talento Fnac. Su segunda novela, La ciudad feliz (Mondadori, 2009), obtuvo el XXV Premio Jaén de Novela y fue elegida por los críticos del diario Público como uno de los libros revelación del año. Artículos y cuentos suyos han aparecido en las revistas Ínsula, Turia, Calle 20, El Duende de Madrid, CríticaEl Perro, y en los diarios PúblicoEl País. Ejerce la crítica literaria en la revista Qué Leer, y es profesora de escritura creativa.
Desde La tormenta en un vaso creamos en la pasada edición esta nueva categoría, con el objetivo de resaltar la obra de un autor o autora, con un máximo de dos libros publicados, y que suponga ya una apuesta no de futuro, sino de presente. La ciudad feliz ha sido el título que, cumpliendo estos requisitos (se trata del segundo título que se edita de Elvira Navarro), ha obtenido más votos en la categoría absoluta de mejor libro en castellano, resultando al mismo tiempo uno de los cinco libros más votados.



Premio Tormenta al mejor libro traducido al castellano en 2009

Un país mundano, John Ashbery.
Traducción y prólogo de Daniel Aguirre.
Lumen, Barcelona, 2009.
192 pp. 16,90 €

«El octogenario John Ashbery (Nueva York, 1927) es no sólo uno de los grandes nombres de la poesía norteamericana, sino asimismo una referencia ineludible en la lírica actual, que sigue encontrando nuevos lectores (y no pocos discípulos) entre los jóvenes (no resulta, por ejemplo, nada difícil detectar una veta claramente ashberiana en la última poesía española). (...) El fragmentarismo de la escritura ashberiana se alia aquí con el fragmentarismo de la memoria, en un continuo movimiento entre el presente y el pasado. El yo descansa así en una precaria conciencia de sí mismo, en la necesidad de construir una y otra vez su propio relato, sabedor siempre de que se le hurtan importantes partes de esa historia que es su propia realidad. El autorretrato se refleja ahora en un espejo roto, ante el cual caben pocas complacencias: «Yo imaginaba hermanas, cómo domina una puerta/ la larga vida de uno, que solo al final llega/ a una "insensata coherencia",/ y para entonces ya ha pasado todas/ las objeciones razonables,/ y está solo». En algún momento, la experiencia del tiempo recuerda al Eliot de los Cuatro Cuartetos pero sin el consuelo, siquiera precario, de un horizonte de trascendencia: «una academia/ por donde desfilan perdedores, y el presente es irredento,/ y todas las frutas son de temporada». Nada es gratis en el mercado del mundo y por toda elección hay que pagar un precio que a menudo ignoramos ("y había un impuesto oculto en todo esto"). Con todo, si la memoria ofrece un largo inventario de pérdidas y de enigmas, el vigor de la escritura de Ashbery se impone: «¿Con hambre aún? Sigue leyendo». Hambre de poesía y de vida, que siguen despertando y saciando sus poemas.»

(de la reseña de José Luis Gómez Toré)


John Ashbery (Rochester, Nueva York, 1927) es la voz más relevante de la poesía actual norteamericana, y uno de los poetas más destacados de la actualidad, permanente candidato al Nobel, e influencia más que firme para las nuevas generaciones. Residente entre Nueva York y Hudson, profesor de literatura en Bard College, es autor de más de una veintena de libros de poesía, ha sido distinguido con numerosos premios y reconocimientos, entre los que se cuentan el Premio Pulitzer en 1976, por Autorretrato en espejo convexo, el Premio Nacional del Libro, la medalla Bollingen y el reconocimiento de la academia de los miembros del dei Lincei de Italia. Ha sido el primer poeta de lengua inglesa en ganar el Gran Premio de las Bienales Internacionales de Poesía de Bruselas y, en 1992, obtuvo el premio de Feltrinelli de Italia para poesía internacional. Ampliamente traducido en España (sus títulos se reparten en los catálogos de DVD, Lumen y Visor), entre sus títulos más destacados no podemos dejar de mencionar The Ice Storm, Can You Hear, Bird?, Chinese Whispers, Where Shall I Wander o A Worldly Country.

jueves, mayo 20, 2010

Premios Tormenta 2009: finalistas (mejor libro en castellano)








Elevación, elegancia y entusiasmo, Francisco Casavella.
Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2009.
1020 pp. 35 €


El viajero del siglo, Andrés Neuman.
Alfaguara, Madrid, 2009.
531 pp. 22 €










La ciudad feliz, Elvira Navarro.
Mondadori, Barcelona, 2009.
192 pp. 16,90 €











Las primas, Aurora Venturini.
Caballo de Troya, Madrid, 2009.
190 pp. 12,90 €









Los que rugen, Care Santos.
Páginas de Espuma, Madrid, 2009.
168 pp. 14,99 €









miércoles, mayo 19, 2010

Premios Tormenta 2009: finalistas (mejor libro traducido al castellano)




Ayer, Agota Kristof.
Traducción de Ana Herrera Ferrer.
El Aleph, Barcelona, 2009.
112 pp. 14,95 €






El Agrio, Valérie Mréjen.
Traducción de Sonia Hernández Ortega.
Periférica, Cáceres, 2009.
88 pp. 12 €






Indignación, Philip Roth.
Traducción de Jordi Fibla.
Mondadori, Madrid, 2009.
165 pp. 18 €






Ni de Eva ni de Adán, Amélie Nothomb.
Traducción de Sergi Pàmies.
Anagrama, Barcelona, 2009.
173 pp. 15 €






Un país mundano, John Ashbery.
Traducción y prólogo de Daniel Aguirre.
Lumen, Barcelona, 2009.
192 pp. 16,90 €

martes, mayo 18, 2010

La cicatriz, Empar Fernández

Premio Rejadorada de Novela Breve. Multiversa, , 2009. 86 pp.

José Manuel de la Huerga

Cuando la curiosidad se vuelve obsesión y se asoma al abismo de la desconfianza, se avecina la debacle. El editor Andrés quiere saber a toda costa el origen de la cicatriz de su chica, de la preciosa Ronda, una joven ilustradora que le ha caído del cielo del amor. La percusión sobre el tema de la cicatriz, durante los dos primeros capítulos de esta novela breve, intensa y bien urdida, anuncia el monotema: a pesar de los riesgos de asomarse donde no le llaman, a pesar de que Ronda se niega a contarle la historia de su cicatriz, Andrés quiere escribir la novela de su perdición. He aquí uno de los aciertos de la novela de Empar Fernández, autora que se mueve como pez en el agua en el registro policiaco y de intriga, y que sabe muy bien pulsar el botón de la curiosidad enfermiza también en el lector, mi hipócrita lector, mi semejante, como nos describiera magistralmente Baudelaire.
Pero hay más en las pocas páginas de este Premio Rejadorada que edita Multiversa. Describir minuciosamente el doble costurón que como banda impuesta por el destino adverso luce Nora desnuda ante el boquiabierto Andrés, nos golpea desde un principio y es garantía de zambullida del lector en la trama falsamente policiaca, inteligentemente muñida, por la escritora barcelonesa.
La novela funciona por la intensidad del claroscuro. La oscuridad del pasado en la que Andrés bucea a toda costa, opuesta a la hermosa luminosidad del presente de la enigmática Nora. De cuerpo delgadísimo, entregada al sexo con Andrés como una liberación de los tormentos del pasado, presidiendo cada instante de piel y de saliva esa cicatriz como camino de perdición… Pero también, la Nora poderosa, la que advierte a Andrés de que no indague, la que toma la decisión final, fulminante.
Nora es un personaje que imanta. No puedo por menos que recordarla como ilustradora de cuentos infantiles, capaz de todo el color y de la luz, de los mundos maravillosos, pero silenciosa, secreta. Desde luego esta combinación de personajes es la que más me ha interesado. Son personajes memorables, y que un personaje se recuerde, quede en la memoria del lector habituado es realmente difícil.
Al pobre insensato de Andrés, perseguido y perseguidor de una obsesión, no le queda más que buscar entre informes médicos y pasado en colegio de monjas, para saber la verdad de Nora. Una verdad que le va a costar carísima.
Por si fuera poco Empar Fernández nos deja una novela valiente. Los de su generación sabemos de educación sentimental castradora, y también de los peligros de las obsesiones que pasan factura a partir de los cuarenta. Es el bajo continuo que suena potente de la primera página a la última.

lunes, mayo 17, 2010

El daño oculto (Un viaje a la Alemania de posguerra junto a W H. Auden), James Stern

Trad. Ariel Dilon. Lengua de Trapo, Madrid, 2010. 464 pp. 24,80 €

Miguel Baquero

Por norma general, las novelas y películas sobre la Segunda Guerra Mundial suelen terminar con la imagen de las calles destrozadas de Berlín, el cadáver humeante del Fuhrer o la bandera roja izada en el tejado del Reichstag. Para el lector o el espectador, aquello supone el punto final y definitivo de la historia, la conclusión, el colofón del mayor conflicto bélico que ha vivido la Humanidad.
Pero el 8 de mayo de 1945, al día siguiente de la rendición del Ejército, la vida debía continuar en Alemania. El daño oculto es la crónica sobre ese tiempo de un escritor irlandés, James Stern, enrolado en esos días últimos de la Guerra, con la paz ya firmada, en el Ejército Estadounidense como “analista de bombardeos”. Su misión iba a consistir en trasladarse a la Alemania en ruinas y hacer encuestas entre la población para establecer el estado de su moral, la naturaleza de sus necesidades, el calado que la propaganda nazi había tenido en sus conciencias y establecer lo que había ocurrido exactamente durante esos seis años en que el Reich había permanecido aislado bajo un manto de fuego. Paralelamente a la persecución por los militares de los altos mandos del nacionalsocialismo, que buscaban huir o sustraerse de la justicia de los vencedores, y como paso previo a la desnazificación del país, estos “analistas de bombardeos” —personal civil aunque integrado en el Ejército— se dedicarán a hacer encuestas aleatorias entre la población a todo lo largo del país, entre todos los segmentos de población y entre una horquilla muy amplia de edades.
El daño oculto supone un testimonio de primera mano, directo, real y cierto, sobre la posguerra en Alemania, y en general en Europa occidental, antes de que comiencen a circular los tópicos, los mitos o las visiones deformadas que enseguida suelen acuñarse al término de una guerra. Podría decirse que Stern se encuentra con los edificios derruidos, todavía humeantes, y con carros llenos de gente sin hogar en las cunetas de las carreteras que le ofrecen una visión sin tergiversar.
Así, leemos testimonios sorprendentes, que hoy, influenciados por toda la literatura surgida en torno al conflicto, nos cuesta imaginar. Como el de la joven sirviente en una hospedería alemana que parece sentir una ligera decepción porque a ella ni la ascensión del nazismo ni la guerra la han cambiado, en absoluto, su forma de vida, y lleva quince años haciendo la misma labor, sin mayor novedad. Encontramos referencias, luego poco difundidas, a la resistencia que existió al nazismo en el interior del país, como la revuelta de los estudiantes de Munich en 1943, o la noticia de que algún dirigente nazi fue apedreado en algún pueblo, ya en plena guerra, por gente disconforme.
Nos quedamos algo estupefactos ante el modo cómo la gente opina que, pese a todo, el nacionalsocialismo no era mal sistema, y si perdieron la guerra fue porque los mandos engañaron y desobedecieron las órdenes del honrado y abstemio Adolf. Inolvidable esa enfermera de la Cruz Roja de la que, apenas rascando un poco, surge la fanática nazi que sostiene que fue Inglaterra quien desencadenó el conflicto. O ese otro personaje convencido de que a los judíos, según eran capturados, se les deportaba a América.
Por medio de los ojos de Stern, asistimos, sin embargo, a como el fantasma de la culpa y de la enormidad de la tragedia va alzándose ante los ojos de los alemanes, alimentado por cárteles que, en la zona de ocupación estadounidense, muestran fotos de campos de concentración bajo el lema: “¡Usted es culpable!”. En la zona soviética, sin embargo, no se cuelgan esos carteles, no se aviva ese sentimiento, pese a lo cual los vencidos tienen un miedo cerval tanto a los soviéticos como a los franceses… pero todo eso es nada comparado con los asesinatos que se producen por la posesión de una bicicleta.
A medio camino entre la novela y el reportaje, El daño oculto es un libro esencial para quien quiera explorar no sólo en el nacimiento y el desarrollo del nazismo, sobre lo cual hay una bibliografía extensísima, sino en otro aspecto no menos fundamental que es entender hasta qué punto la sevicia se abrió paso y consiguió alcanzar el corazón de una sociedad, y los rescoldos que dejó tras de sí.