viernes, septiembre 04, 2009

Payaso de agosto, Günter Grass

Trad. Miguel Sáenz / Grita Loebsack. Bartleby Editores, Madrid, 2009. 130 pp. 14 €

Pedro M. Domene

El Nobel alemán Günter Grass (Danzig, 1927) pinta, esculpe y escribe en su casa de Behlendorf, muy cerca de Lübeck y, en ocasiones, se encierra en un ostracismo voluntario que más tarde convierte en literatura. Algo de esto le ocurría tras la publicación de las polémicas memorias o libro autobiográfico, Pelando la cebolla (2006), en las que contaba cómo casi al final de la Segunda Guerra Mundial, perteneció durante un breve tiempo, apenas unos meses, a la Waffen SS, hecho que, en palabras del más discutido de los novelistas germanos, provocaría un escándalo a nivel mundial, sobre todo durante aquel verano, cuando la prensa alemana publicó ríos de tinta, hubo opiniones para todos los gustos, y algunos de sus más fieles amigos y conocidos le volvieron la espalda. Un año después publicaría en su país, Dummer August (2007), que en esta primavera aparecía como Payaso de agosto (2009), una elegante edición bilingüe de Bartleby Editores, traducido por Miguel Sáenz, con la colaboración de Grita Loebsack. Y lo último, Die Box (2008), una continuación de su autobiografía, que Alfaguara edita y Miguel Sáenz traduce como La caja de los deseos (2009), un nuevo texto donde combina fábula, memoria, humor y algunas otras sorprendentes revelaciones sobre su pasado familiar.
Para Grass el nefasto mes de verano se asemeja a ese payaso circense cuya melancolía se extiende mucho más allá de la pista donde a diario la gente se ríe de él. Una vez más, el Nobel se refugia en la poesía para redimirse de una depresión: dibujos y poemas se convierten en una experiencia donde plasmar sus vivencias más tristes y afligidas. La prensa arremetió, también en esta ocasión, contra Grass y su ejercicio lírico fue calificado de apologético, autocomplaciente, o excesivamente volcado en una autojustificación. Periódicos de izquierda y de derecha postularon acerca del valor lírico de estos poemas, aunque su traductor español, que conoce bien la obra del alemán, habla de una poesía prosaica, sin un excesivo artificio métrico que pretende mostrar, por encima todo, una experiencia vital tan triste como melancólica, pero sobre todo expone el rechazo a una manifiesta prohibición de la libertad de expresión. Y a propósito escribe Grass los siguientes versos: «(...) la vergüenza sale a la luz y en adelante/ la rodea la jauría libre de vergüenza. (...) De un lado a otro la vergüenza, que busca /una palabra igualmente apropiada». En realidad, su poesía siempre se torna en prosa, es decir, ofrece una paralela visión narrativa de sus vivencias más íntimas y, para entender y complementar su mundo, dibuja cabezas de pescado, patatas, verduras, setas, cebollas, animales heridos, botas viejas agrietadas por el paso del tiempo, y además pone de manifiesto su inquebrantable obsesión hacia la naturaleza, especialmente, sensible por los bosques con árboles temblorosos, de distintos tamaños y envergadura. Objetos todos que, de alguna manera, se repiten y prodigan en su anterior tanto narrativa como lírica porque, en definitiva, sus dibujos (a lápiz) complementan a su obra y en Payaso de agosto, escribe sus versos a mano al tiempo que dibuja, o incluso al revés en ese doble proceso donde las palabras se acomodan a las figuras vislumbrando mundos paralelos, con esa dificultad implícita de no poder deslindar en el Nobel su tarea plástica y poética. El sentido pleno del libro está en uno de sus primeros poemas titulado En la picota: «Sucedió después de que/ una piel tras otra/ la cebolla me resultara útil./ Mirad, ahí está despellejado,/ gritan muchos ahora/ que no quisieron tocar la cebolla/porque temían encontrar, no,/peor, no encontrar nada/que pudiera identificarlos/». Quien busque originalidad lírica en estos textos, tendrá que mirar hacia otro lado.

jueves, septiembre 03, 2009

El día antes de la felicidad, Erri de Luca

Trad. Carlos Gumpert. Siruela, Madrid, 2009. 130 pp. 13,90 €

Recaredo Veredas

Los difíciles días de la cándida adolescencia (Dinesen dixit) han sido tratados, con desigual fortuna, en cientos de novelas. La cuestión, obviamente, reside en la capacidad del autor para trascender, para crear un nuevo edificio con tan viejos cimientos. Erri de Luca lo consigue sobradamente. Los dos protagonistas de El día de antes de la felicidad son un adolescente y un vividor, ambos supervivientes en tiempo de guerra. Como en todas las obras de este frecuentado subgénero, el protagonista, después de encontrarse —más bien enfrentarse— con el hambre, la pobreza, la muerte y el amor, consigue superar una de las etapas más complicadas de la vida. La causa del éxito reside en la calidad de la escritura y en la complejidad de los sentimientos. Porque los personajes, como expresa magistralmente el título, viven en el día de antes de la felicidad, en aquella jornada, definida por la tristeza, que precede a un júbilo anhelado pero que nunca termina de llegar.
Encontramos una magnífica combinación de lo real y lo lírico, muy cercana a los clásicos neorrealistas, con quienes comparte una profunda preocupación social: «Los señores tienen una vista distinta a la nuestra, que tenemos que verlo todo. Ellos solo ven aquello que quieren ver». No es la suya una prosa deslumbrante sino certera, plenamente implicada con lo narrado. Acelera el ritmo cuando es necesario, cuando la escena requiere sequedad o brutalidad, y lo ralentiza en las zonas más reflexivas. Como todos los grandes escritores, Erri de Luca sabe qué ha dicho y cuándo lo ha hecho. Es, por lo tanto, plenamente consciente del valor de lo omitido.
La auténtica razón de ser de la novela, por encima de la sucesión de peripecias, es la descripción de la cotidianeidad de una sociedad destrozada, de la dureza de su día a día y la permanencia de sentimientos que, en buena lógica, deberían desterrarse por la búsqueda de la supervivencia. Muestra también una genuina mirada sobre el mundo: «Lo primero que hace un pobre con dinero es comprarse ropa. Se echa por encima una tela buena y ya se cree otra persona. Pero eso es lo único que el dinero puede hacer por ti, hacer que parezcas». Incluye también una profunda reflexión sobre la guerra, sus efectos sobre el individuo y cómo consigue que lo imprescindible se convierta de repente en superfluo. Crea, por lo tanto, una auténtica historia de la vida privada, de aquélla que surge al margen de lo reseñado, décadas o siglos después, en los manuales. También contemplamos el núcleo central de la sociedad italiana que, pese al transcurso de las décadas, parece permanecer inalterable: vemos a un pueblo que vive al margen de los desmanes de sus políticos, centrado plenamente, lo consiga o no, en la construcción de una sociedad civil plenamente autónoma.
Cuenta con un desenlace sobrio y bello, que utiliza con maestría el difícil método de la mot juste: conseguir las palabras exactas, aquellas que, con la mayor elegancia posible, conducen al lector hacia la emoción o la reflexión deseada.

miércoles, septiembre 02, 2009

La sombra del asesino. Selección de Óscar Sacristán

Varios traductores. Valdemar, Madrid, 2009. 842 pp. 16,50 €

Julián Díez

Quinto volumen de las recopilaciones temáticas que Valdemar viene haciendo de su interesante fondo editorial, La sombra del asesino es en resumidas cuentas el más forzado de todos ellos, pero no deja de resultar una más que agradable lectura. En los casos anteriores, Valdemar sacó partido de géneros que están más presentes en su catálogo: el terror en la originaria Felices pesadillas, que conmemoraba el volumen 200 de la colección El club Diógenes, y cuyo éxito en ventas abrió la puerta a las restantes; igualmente el horror en Malos sueños, luego la acción en Mil y una aventuras, el juvenil siniestro en Relatos inquietantes para chicos valientes, y el humor en Con la risa en los huesos.
En esta ocasión, Óscar Sacristán escoge cuentos policíacos, y se enfrenta a una labor algo más compleja. Salvo los grandes pioneros, Edgar Allan Poe y Wilkie Collins, y tres clásicos indiscutibles como Arthur Conan Doyle, G.K. Chesterton y Edgar Wallace, no hay muchos autores de relieve de este género en los volúmenes anteriores de la editorial, centrada en la publicación de escritores libres de derechos que desarrollaron su carrera antes de la eclosión de la novela negra estadounidense en los años cuarenta.
Sin embargo, los relatos escogidos de escritores bien conocidos por otros menesteres resultan interesantes por sí mismos. Imposible no destacar El campanario, de Melville, o El delator, de Conrad, así como un clásico reciente, efectista pero realmente modélico, como Suyo afectísimo, Jack el Destripador, de Robert Bloch. También están Defoe, Stevenson, Dickens, Maupassant… En suma, una alineación que compensa de sobra la presencia previa en cualquier biblioteca de algún título bien conocido (quién no tiene a estas alturas en cien versiones el seminal La carta robada de Poe).
En su conjunto, las 800 y pico páginas del volumen son variadas y de calidad, resultan una más que recomendable inversión dado el precio y la edición del volumen (aunque se puedan objetar varios detalles, como el reiterado uso de “Rhomer” para el padre de Fu-Manchú, Sax Rohmer, o el anuncio en el prólogo de un relato de John Dickson Carr que no se incluye), y vuelven a dar testimonio de la labor de recuperación emprendida por esta casa madrileña.
El volumen, además, sirve para despertar una vez más la añoranza por una buena antología, una verdaderamente representativa, de relatos de este género. Salvo la fundamental Los mejores cuentos policiales de Borges y Bioy Casares, en Alianza, este volumen es quizá lo mejor disponible en el catálogo editorial español, y ambos son representativos únicamente de periodos concretos —y distantes— de la evolución del género criminal. Esperemos que alguna editorial emprenda esa tarea.

martes, septiembre 01, 2009

Brothers, Yu Hua

Trad. Vicente Villacampa. Seix Barral, Barcelona, 2009. 870 pp. 27 €

Carmen Fernández Etreros

Brothers es una de esas novelas que pretende transmitir la experiencia de una generación a través del relato de las pequeñas historias de sus personajes. La novela de Yu Hua se vale para su propósito de cuarenta años de la vida de dos hermanos, Li Guangtou y Song Gang, que sobreviven en Liu una pequeña y desconocida ciudad china. El escritor relata sus aventuras desde su niñez, en la que sufren los abusos de la Revolución Cultural de las décadas de 1960 y 1970, hasta que alcanzan la edad adulta en la difícil era de la apertura. En cuarenta años la ciudad de Liu vivirá un cambió tan increíble en sus calles, sus paisajes y sus comercios, que sus habitantes se sentirán en ocasiones abrumados y desorientados.
Lo mejor de la novela: el humor negro y ácido que imprime el narrador en cada una de las historias. El horror más terrible se mezcla con una risa frenética al leer alguna de las pequeñas historias de sus personajes. Los habitantes de Liu vivirán el hambre, la violencia militar, el despegue económico, los ascensos fulgurantes y los fracasos sociales y personales.
El argumento es sencillo: Dos hermanos, Li Guangtou y Song Gang, están unidos por la promesa de apoyarse siempre que el mayor Song Gang realizó ante el lecho de muerte de su madre. Pero una hermosa mujer, la más bella de Liu, Lin Hong se interpone entre ambos hermanos. Song Gang, el intelectual, se casará con Lin Hong pero no logrará adaptarse a los cambios económicos y sociales del país, mientras que Li Guangtou, el canalla y el vividor, sacará el mejor partido del capitalismo salvaje hasta convertirse en el hombre que genere por sí solo la mayoría del PIB de su ciudad. Sin embargo Li Guangtou nunca superará su fracaso en el amor y la felicidad de su hermano con Lin Hong.
En la primera parte los dos jóvenes hermanos sobreviven a la Revolución cultural unidos por sus desgracias y alegrías. Momento crucial será la terrible muerte de su padre Song Fanping, un buen maestro, atacado y pateado por los partidarios de la revolución cultural por proceder de una familia de terratenientes. En la segunda parte ambos vivirán las reformas económicas de 1980 y como China va acelerando sus cambios. El ascenso imparable de Li Guantou ahogará las expectativas de su hermano Song Gang y su mujer Lin Hong. Escenas hilarantes reflejarán el cambio en la vida por aquellos que enriquecerá Li Guantou y que al dejar sus trabajos de dentista o heladero pasarán el día vagando por el mundo como turistas, pateando las calles sin saber qué hacer o viendo la televisión.
Brothers está plagado de escenas casi cinematográficas en las que parece que el lector está viendo por un agujerito en la pared los pequeños avatares de los hermanos. De las más increíbles es la descripción del adolescente Li Goantou espiando los “traseros” de cinco mujeres en los baños públicos de Liu (entre el que se encuentra el maravilloso “trasero” de Lin Hong) o el certamen que organiza Li Goangtou para elegir en la ciudad a la mujer virgen más bella en el que Zhou el Trotamundos ganará una buena suma de dinero vendiendo hímenes artificiales.
Por supuesto Brothers no ha pasado desapercibido en su país y ha escandalizado y conmovido tanto a la crítica como al millón de lectores de la novela. El escritor Yu Hua nació en 1960 en una pequeña ciudad cerca de Hangzhou donde su padre era médico. Cuando tenía 6 años comenzó la Revolución Cultural de Mao y el escritor vivió como las escuelas fueron cerradas y la mayoría de los libros prohibidos. Yu Hua acabó sus estudios y trabajó durante cinco años como dentista, un oficio que odiaba. Curiosamente uno de los personajes que más llama en Brothers es Yu El Sacamuelas que dejará de trabajar en cuanto se enriquezca con Li Guangtou. Al final Yu Hua encontrará trabajo en una oficina cultural local y comenzará a escribir relatos y novelas. Su primera novela Leaving Home at 18 fue publicada en 1987 y le valió el reconocimiento de algunos círculos literarios de su país. En 1992 publicará To Live, que será llevada al cine como Vivir por el director Zhang Yimou y que ganará el premio del jurado en el Festival de Cannes en 1994, lo que convirtió a Yu Hua en unos escritores más conocidos de China. Sus obras todavía no se han publicado en nuestro país, aunque serán publicadas próximamente por Seix Barral.
Un drama, una comedia, una tragicomedia quizás, que mantiene al lector pegado al libro con un ritmo en el que dosifica el humor, la alegría y el horror. Una buena edición y traducción en la que no puedo dejar de anotar pequeños errores con algunos de los nombres de los personajes y omisiones de letras que comprobará el lector. Con las pequeñas historias de los habitantes de Liu, Yu Hua logrará dibujar unas pinceladas sobre los destinos de unos hombres impulsados o machacados por las circunstancias sociales, políticas y económicas que les ha tocado vivir o superar. Un sorprendente y buena lectura.

lunes, agosto 31, 2009

Temporada de caza para el león negro, Tryno Maldonado

Anagrama, Barcelona, 2009. 125 pp. 14 €

Guillermo Ruiz Villagordo

Tengo cierta tendencia a personalizar demasiado las críticas que me permiten colgar en este permisivo blog, soy consciente de ello, pero ¿qué quieren? A veces da información relevante, o si acaso curiosa, al lector. Pueden lapidarme cuando quieran, sin embargo.
A Tryno le conozco desde hace unos cuantos años, cuando andaba investigando por puro ocio la joven narrativa latinoamericana, no la que estaba llegando a España sino la que aún no lo había hecho pero sospechaba que tendría que hacerlo más tarde o más temprano. Le descubrí en una página web en la que había colgado algunos relatos, donde conseguí su e-mail y trabamos un contacto intermitente. En esos momentos yo colaboraba como lector en una editorial de Madrid y propuse que leyesen un libro de relatos que había armado recientemente. El libro no fue aceptado, pero apareció poco después en su país, México, y tuvo un notable éxito entre los escritores de allí. A esa su primera publicación le siguió una novela, Viena roja, publicada ya con mayor respaldo en Joaquín Mortiz, que parece tuvo aún más fortuna (y de la que sólo he leído un fragmento que me pasó su autor poco antes de que nuestra comunicación, por cosas de la vida, se interrumpiera bruscamente; el libro no encontré ni encuentro manera de hacerme con él desde España). Después de eso, he aquí que al cabo de los años me lo encuentro como mención de honor en el premio Herralde 2008. Eso y mucho más se merece, sin duda.
Antes que nada, al adentrarme en su nueva novela me percato de que el estilo de Tryno ha dado un giro de 180 grados. Me explico: aquel primer libro suyo, titulado Temas y variaciones, contenía los textos más borgeanos y barrocos que me he echado a la cara, hasta tal punto que entendí que la editorial a la que lo presenté no lo aceptase (no era precisamente digerible para el gran público, que es la bestia a la que se supone un escritor novel debe alimentar con su primera entrega). Sin embargo, cuando salió en México fue arropado por la intelectualidad creadora, y es que era allí donde debía encontrar su lugar, lo que permitió que sus horizontes se ampliasen y madurase más convenientemente, perdiendo esas huellas demasiado claras de los autores y temas que adoraba y adora (el mencionado Borges, Haruki Murakami, la música clásica del siglo XX, el heavy metal…). Sin duda, en este tiempo ha absorbido mil y una tendencias y se ha convertido en un auténtico camaleón, porque Temporada de caza para el león negro no tiene nada que ver con aquellos textos, lo que lo convierte en un ejercicio de versatilidad narrativa notable.
Entrando en materia, en Temporada… somos testigos mudos de la confesión de un amante innominado, entrecortada en noventa y nueve capítulos cortos (algunos de dos o tres frases, otros repetidos de improviso), en los que nos pinta a Golo, la fallecida joven promesa del arte mexicano, mediante recuentos de gustos frívolos y anécdotas la mayor parte de las veces oscuras o banales, desvelándonos cómo un completo desconocido, niño bien con una pátina de suciedad, pintor por casualidad en los brevísimos periodos en los que se permite dejar a un lado su ansía de droga y sexo, rodeado de hijos de familias adineradas haciéndose los desastrados para jugar mejor al negocio del arte, pasa a convertirse en una de las estrellas más cotizadas del mundillo a nivel internacional. Todo esto lo hace el narrador-amante con concisión, cierta frialdad, cierta sequedad, pero permitiendo adivinar un deje de ironía en ocasiones, como si lo que contase no fuese con él (deja caer incluso que su homosexualidad pueda ser sólo una pose más).
La novela se convierte así en un cambio de perspectiva sobre el genio maldito, el enfant terrible, en este caso creado en vida precisamente por haber sido comprendido (suponiendo que haya algo que entender en su obra), es decir, se trata de un producto, un genio artificial, pura imagen que nada llegar a ofrecer. Esta biografía sui generis deja en carne viva el imperio de la apariencia y la estupidez y vanidad tanto de artistas como de críticos, pero también el consumismo feroz que nos atenaza, personificado en un Golo obsesionado no sólo por el sexo sino también por las películas, la comida basura y las revistas del corazón, y que, como muestra de que esta nueva religión puede crear nuevos dioses al antojo del creyente gracias a la mitificación de objetos, viste siempre, hasta dormido, sus inseparables zapatillas Converse. Como resultado nos damos cuenta de que su vida de artista no fue para él más que otra atracción de feria, otra montaña rusa en la que montarse por la eternidad. Un espectáculo al que admiradores, amantes y lectores asistimos con una mezcla de culpabilidad y deleite mientras el verdadero Golo permanece invisible, ignorado por propia voluntad, riendo o llorando en cualquier otro lugar que no sean estas páginas.